Dos semanas en Japón es el tiempo mínimo que recomiendan la mayoría de viajeros experimentados para un primer contacto real con el país. No porque no se pueda ir menos tiempo, sino porque el jet lag se come los primeros dos días, las distancias entre ciudades exigen planificar bien los traslados y hay demasiados lugares que merecen más de una visita fugaz. Este itinerario de 14 días recorre Tokio, Kioto, Osaka, Kobe, Nara, Okayama, Naoshima e Hiroshima con un ritmo que permite disfrutar sin correr, incluyendo recomendaciones de restaurantes, precios orientativos y los traslados en shinkansen que conviene conocer antes de decidir si el JR Pass de 14 días (80.000 yenes, unos 500 euros en 2026) compensa para tu ruta concreta.
Cada día del itinerario combina visitas culturales con experiencias gastronómicas y momentos de descanso. La ruta empieza y termina en Tokio, aprovechando los vuelos internacionales directos a Haneda o Narita, y se desplaza hacia el oeste por el corredor clásico del Tokaido Shinkansen. Es un recorrido pensado para quienes viajan a Japón por primera vez, aunque quienes repitan encontrarán alternativas menos transitadas y paradas que no aparecen en la mayoría de guías, como la isla de Naoshima o el jardín Korakuen en Okayama.
Índice de contenidos
Día 1 – Bienvenidos a Japón: primera recorrida por Tokio
Comenzar tu aventura de dos semanas en Japón en Tokio es la forma más práctica de adaptarte al ritmo del país. Si llegás al aeropuerto de Haneda, el traslado al centro toma entre 20 y 40 minutos en monorraíl o tren; desde Narita, calculá entre 60 y 90 minutos en el Narita Express (unos 3.250 yenes, incluido en el JR Pass). Para orientarte sin presión el primer día, aprovechá el Metrolink Nihonbashi, un autobús circular gratuito que conecta la estación de Tokio con el distrito de Nihonbashi cada 10 minutos, de 10:00 a 20:00. El recorrido pasa por la zona comercial de Chuo-dori y te permite bajarte en cualquiera de sus paradas para explorar una de las zonas más antiguas de la ciudad sin gastar un yen en transporte.
Un vistazo al arte tradicional japonés
Tu primera parada cultural en Nihonbashi debería ser Ozu Washi, un taller y tienda especializado en papel washi con más de 350 años de historia. Aquí es posible observar de cerca cómo se fabrica este material, utilizado en caligrafía, origami y restauración de obras de arte. La visita es gratuita y el taller ocupa un edificio tradicional que contrasta con los rascacielos del entorno. Es una actividad breve pero que marca el tono del viaje desde el primer día: en Japón, la artesanía convive con la modernidad sin que ninguna de las dos se imponga sobre la otra.
Descanso y delicias culinarias

Después de explorar el arte tradicional, cruzá la calle hasta los grandes almacenes Mitsukoshi Nihonbashi, el establecimiento comercial más antiguo de Japón (fundado en 1673). El verdadero atractivo para el viajero está en su planta baja, el depachika (sótano gastronómico), donde encontrarás decenas de puestos con dulces japoneses, bento elaborados, frutas de temporada y productos gourmet que difícilmente verás fuera de Japón. Es el lugar ideal para un primer almuerzo informal probando varias cosas en porciones pequeñas. Calculá entre 1.000 y 2.500 yenes (6-15 euros) para comer bien.
Historia y serenidad en el Palacio Imperial

Por la tarde, caminá hacia el Palacio Imperial de Tokio, a unos 15 minutos a pie desde Nihonbashi. Los jardines del sector este (Jardines del Este, gratuitos, abiertos de 9:00 a 16:30, cerrados lunes y viernes) son accesibles sin reserva y ofrecen un contraste enorme con el bullicio de la estación de Tokio, que queda a solo unas cuadras. Si querés entrar al recinto interior del palacio, es necesario reservar la visita guiada gratuita con antelación a través de la web de la Agencia de la Casa Imperial. Como alternativa para la tarde, el museo Intermediatheque (gratuito, en el edificio KITTE frente a la estación de Tokio) ofrece una colección ecléctica de ciencia, arte y objetos académicos de la Universidad de Tokio.
Cena y vistas inolvidables

Para cerrar el primer día, dirigite a Yoshino Sushi Honten en Nihonbashi, un restaurante con más de un siglo de historia donde el sushi estilo edomae se prepara siguiendo técnicas tradicionales. El menú omakase (degustación del chef) ronda los 5.000-8.000 yenes (30-50 euros). Si después de cenar todavía tenés energía, subí al bar del hotel Mandarin Oriental Tokio (piso 38), donde una copa con vistas panorámicas nocturnas de la ciudad cuesta entre 2.000 y 3.000 yenes. Es un cierre de jornada que combina la tradición culinaria de Tokio con su perfil de metrópolis vertical.
Día 2 – Sumérgete en el arte y la cultura de Roppongi

El segundo día de tu itinerario en Japón te lleva al corazón de Roppongi, un distrito que dejó atrás su fama de zona de discotecas para convertirse en uno de los epicentros culturales de Tokio. La zona alberga el llamado Triángulo del Arte, formado por tres museos que se pueden recorrer a pie en una misma jornada. Comenzá tu recorrido en el Museo de Arte Mori, ubicado en el piso 53 de la Roppongi Hills Mori Tower. Este museo de arte contemporáneo cambia de exposición varias veces al año y abre hasta las 22:00 (hasta las 17:00 los martes), lo que permite visitarlo incluso después de cenar. La entrada general ronda los 2.000 yenes (unos 12 euros) e incluye acceso al mirador Tokyo City View en el piso 52, con vistas panorámicas de la ciudad que rivalizan con las de la Tokyo Skytree pero con mucha menos aglomeración.
Explorando el Centro Nacional de Arte y el Museo Suntory

Desde Roppongi Hills, caminá unos 10 minutos hasta el Centro Nacional de Arte de Tokio (NACT), diseñado por el arquitecto Kisho Kurokawa. Su fachada ondulante de vidrio es una obra arquitectónica en sí misma y merece la visita aunque no te interese la exposición del momento. A diferencia de los otros museos del triángulo, el NACT no tiene colección permanente: funciona como espacio de exhibiciones temporales. La entrada al edificio es gratuita; solo se paga por las exposiciones especiales (habitualmente entre 1.000 y 1.600 yenes). En su interior hay un restaurante con estrella Michelin, el Brasserie Paul Bocuse Le Musée, ubicado sobre uno de los curiosos conos invertidos de hormigón del atrio. Completá la mañana artística en el Museo de Arte Suntory, a unos 5 minutos a pie, que se enfoca en piezas tradicionales japonesas como cerámica, lacados, textiles y vidrio, con entrada en torno a los 1.500 yenes.
Una pausa para saborear Japón
Después de una mañana intensa de museos, es hora de comer. Afuri es una opción ideal si está en la zona de Roppongi: este restaurante es conocido por su ramen de yuzu shio, un caldo transparente con un toque cítrico que lo hace más ligero que el ramen clásico. Hay sucursales tanto en Roppongi Hills como en el cruce de Roppongi, ambas abiertas de 11:00 a 22:00. Un bowl de ramen cuesta entre 1.100 y 1.500 yenes (7-9 euros) y se pide a través de una máquina expendedora de tickets a la entrada, el sistema habitual en los restaurantes de ramen en Japón. Si es tu primer contacto con este sistema, no te preocupes: las máquinas tienen opción en inglés y el personal ayuda sin problema.
teamLab Borderless en Azabudai Hills

La gran novedad de esta zona desde 2024 es teamLab Borderless, el museo de arte digital inmersivo que reabrió en Azabudai Hills después de cerrar su sede original en Odaiba. Está a unos 15 minutos a pie desde Roppongi Hills (o a 2 minutos desde la estación de Kamiyacho, línea Hibiya). El museo no tiene mapa ni recorrido fijo: las obras de arte digitales se mueven entre salas, se mezclan entre sí y reaccionan a la presencia de los visitantes. En julio de 2026 superó los 4 millones de visitantes, con público de más de 185 países. La entrada cuesta 3.800 yenes (unos 23 euros) para adultos y es imprescindible comprarla con antelación en la web oficial, ya que las entradas por franja horaria se agotan con días o semanas de anticipo, especialmente los fines de semana. Calculá entre 2 y 3 horas para la visita. Un consejo práctico: usá ropa cómoda y evitá faldas o vestidos, ya que varios suelos son de espejo.
Un cierre perfecto para el segundo día
Si después de teamLab todavía tenés energía, Roppongi ofrece una vida nocturna variada que va desde izakayas tradicionales en los callejones traseros hasta lounges de cócteles con vistas en las torres del distrito. Pero el verdadero cierre del día lo marca la combinación de arte, arquitectura y gastronomía que define a este Roppongi reconvertido: un barrio que pasó de ser la zona de fiesta de los expatriados a uno de los polos culturales más densos de Tokio, donde en una sola jornada es posible ver arte contemporáneo, arquitectura de autor, instalaciones digitales inmersivas y comer ramen a precio justo, todo caminando.
Día 3 – Descubriendo la extravagancia de Tokio en Harajuku

El tercer día de tu aventura en Japón arranca temprano en el santuario Meiji Jingu, el más visitado de Tokio, escondido dentro de un bosque de más de 100.000 árboles a solo unos pasos de la estación de Harajuku. La entrada es gratuita y el santuario abre al amanecer (alrededor de las 5:00 en verano, 6:00 en invierno), así que llegar antes de las 9:00 permite recorrerlo casi en soledad. El contraste es brutal: caminás unos minutos por un sendero arbolado y silencioso, cruzás bajo un torii gigante de ciprés de 1.500 años, y cuando salís por el otro lado estás en el epicentro de la cultura juvenil de Tokio.

Si visitás un domingo, es probable que veas una boda sintoísta en el recinto, con la procesión de los novios en kimono tradicional. El Jardín Interior (500 yenes) y el Museo Meiji Jingu, diseñado por Kengo Kuma, merecen la visita si tenés tiempo extra.
Takeshita-dori y la cultura kawaii

Saliendo del santuario por la puerta sur, cruzás la calle y estás en Takeshita-dori, los 400 metros más saturados de estímulos visuales de todo Tokio. Esta calle peatonal es el centro neurálgico de la moda juvenil japonesa, repleta de tiendas de accesorios, idol shops, purikuras (fotomatones con filtros exagerados) y puestos de comida callejera. Funciona mejor entre semana para evitar las multitudes de fin de semana, aunque incluso un martes a mediodía está llena.

No te vayas sin pasar por Marion Crepes, la crepería más icónica del barrio, donde un crepe relleno de fruta fresca, nata y helado cuesta entre 500 y 800 yenes (3-5 euros). Es el snack que define a Harajuku desde los años setenta.
De Harajuku a Shibuya: Omotesando y el cruce más famoso del mundo

Paralela a Takeshita-dori pero en un registro completamente distinto, la avenida Omotesando es la versión tokiota de los Campos Elíseos: un kilómetro de boutiques de alta gama con edificios diseñados por arquitectos como Tadao Ando (Omotesando Hills), SANAA, Toyo Ito y Herzog & de Meuron. Aunque no tengas intención de comprar, vale la pena recorrerla prestando atención a la arquitectura. Desde el extremo sur de Omotesando, son 10 minutos a pie hasta el cruce de Shibuya, el paso de peatones más transitado del mundo, donde hasta 3.000 personas cruzan en cada cambio de semáforo.

El mejor punto para verlo desde arriba es el Starbucks del edificio Tsutaya (segundo piso, frente al cruce) o, para una vista realmente panorámica, el observatorio Shibuya Sky en el piso 46 del Shibuya Scramble Square: una terraza al aire libre a 230 metros de altura con vista directa sobre el cruce. La entrada cuesta 2.200 yenes online (13 euros) y conviene reservarla con antelación porque se agota con semanas de anticipo, especialmente para el horario de atardecer.
Ikebukuro y la cultura pop japonesa
Si la moda de Harajuku te abrió el apetito por la cultura pop, la tarde es ideal para tomar el metro hasta Ikebukuro y recorrer Otome Road, un paraíso para los fanáticos del anime, el manga y los videojuegos. La tienda Animate de Ikebukuro es la sede principal de la cadena y ocupa un edificio entero con productos de series, figuras, manga y merchandising. En la misma zona, el café Swallowtail ofrece una experiencia de butler café (café de mayordomos) donde el servicio y la ambientación están cuidados al mínimo detalle. Como alternativa si preferís algo más tranquilo, la zona de Shimokitazawa (a 3 estaciones desde Shibuya en la línea Odakyu) ofrece tiendas vintage, cafeterías artísticas y un ambiente bohemio que contrasta con el resto del día.
Cierre nocturno en Shinjuku

Para cerrar el día, dirigite al barrio de Shinjuku. El antiguo Robot Restaurant, que durante años fue el espectáculo nocturno más extravagante de Tokio, cerró permanentemente tras la pandemia y no ha reabierto. Pero Shinjuku sigue siendo el mejor cierre nocturno de la ciudad. Los callejones de Omoide Yokocho (también conocido como ‘callejón de los recuerdos’), junto a la estación, concentran decenas de pequeños puestos de yakitori (brochetas de pollo a la parrilla) donde se come en barra por 500-1.500 yenes (3-9 euros).

A pocas cuadras, Golden Gai ofrece más de 200 bares diminutos (la mayoría caben entre 6 y 10 personas) repartidos en seis callejones estrechos, cada uno con su personalidad: bares de jazz, de cine, de punk, de escritores. Muchos cobran un cargo de asiento de 300-500 yenes, pero las bebidas rondan los 600-800 yenes. Es el tipo de experiencia nocturna que solo existe en Tokio y que ningún show turístico puede reemplazar.
Día 4 – Toyosu, Ginza y los contrastes de Tokio

El cuarto día de tu viaje arranca con madrugón. El mercado de Toyosu, sucesor del legendario Tsukiji desde 2018, es el centro mayorista de pescado y marisco más grande de Tokio. El mercado abre a las 5:00 y la actividad fuerte se concentra entre las 5:30 y las 8:00. La famosa subasta de atún se realiza entre las 5:30 y las 6:30, y se puede observar desde una plataforma acristalada en el piso superior del edificio de productos del mar. Para acceder a esta plataforma hay que entrar en un sorteo online con antelación (las solicitudes se abren unos 10 días al mes para reservar el mes siguiente), así que si la subasta está en tu lista de imprescindibles, planificalo con tiempo. Si no conseguís plaza en el sorteo, igualmente se puede recorrer el mercado por los corredores de observación acristalados y ver el movimiento de los mayoristas desde arriba. Se llega en la línea Yurikamome hasta la estación Shijo-mae, unos 30-40 minutos desde el centro de Tokio.
Desayuno en Toyosu y Senkyaku Banrai

Después de ver la actividad del mercado, es momento de desayunar como un tokiota. Dentro del mercado hay varios restaurantes de sushi que abren desde las 5:00, donde un set de sushi matutino cuesta entre 2.500 y 4.000 yenes (15-25 euros). En 2024 abrió junto al mercado el complejo Toyosu Senkyaku Banrai, una calle comercial al aire libre con estética de la era Edo que reúne unos 70 locales de comida y tiendas. Las brochetas de atún a la brasa de Echigoya Sukegorō (segundo piso) son una parada popular. El complejo también incluye el Tokyo Toyosu Manyo Club, un onsen de 24 horas con aguas termales traídas de Hakone, y en su octava planta hay un baño de pies gratuito con vistas panorámicas a la bahía de Tokio.
Conviene saber que los restaurantes de sentarse en Senkyaku Banrai son bastante más caros que los del propio mercado (un kaisendon puede costar 5.000-6.000 yenes), así que para la mejor relación calidad-precio, comé dentro del mercado y usá Senkyaku Banrai para snacks y paseo.
El lujo y las compras en Ginza

Después de Toyosu, tomá la línea Yurikamome hasta Shimbashi y de ahí un corto trayecto en metro hasta Ginza, el barrio de lujo por excelencia de Tokio. La parada principal es Ginza Six, el complejo comercial más grande de la zona, con 241 tiendas distribuidas en varios pisos. Más allá de las marcas de lujo (aquí está la megatienda de Uniqlo), lo que hace especial a Ginza Six es lo que esconde: en el subsuelo B3 funciona el Teatro Kanze Noh, un auditorio con capacidad para 480 personas donde se representan obras de noh, la forma de teatro más antigua del mundo que se sigue interpretando (casi 700 años de tradición ininterrumpida). Las entradas para funciones regulares van desde los 7.000 hasta los 16.000 yenes dependiendo de la ubicación, y se pueden comprar online. Aunque el diálogo está en japonés antiguo, el programa suele incluir un resumen en inglés. En la azotea de Ginza Six hay un jardín de 4.000 m² con vistas a los tejados del barrio, acceso gratuito.
Un paseo por la tarde entre escaparates de diseño

Recorrer las calles de Ginza a pie es un ejercicio de observación arquitectónica. Cada marca internacional compite por tener el edificio más llamativo: desde la fachada pixelada de la tienda Mikimoto hasta las estructuras diseñadas por Renzo Piano, Kengo Kuma o Jun Aoki. Los fines de semana, la avenida central Chuo-dori se convierte en zona peatonal entre las 12:00 y las 17:00 (de abril a septiembre hasta las 18:00), lo que permite pasear sin el tráfico habitual. Si buscás algo más accesible que las boutiques de lujo, la tienda Itoya de Ginza, especializada en papelería y artículos de escritura, ocupa un edificio de 12 pisos y es un paraíso para los amantes del diseño japonés.
Una experiencia gastronómica inolvidable
Para la cena, una opción que equilibra calidad y precio en una zona cara es Sushi no Midori Ginza, un restaurante conocido por ofrecer sushi de nivel alto a precios razonables para el estándar de Ginza. Un menú de sushi ronda los 2.500-4.000 yenes (15-25 euros). No acepta reservas, así que conviene llegar unos 20-30 minutos antes de la apertura (11:00 para almuerzo, 17:00 para cena) para evitar la cola, que puede superar la hora en horario punta. Si preferís algo más rápido, los sótanos gastronómicos de los grandes almacenes Mitsukoshi Ginza o Matsuya Ginza ofrecen bento para llevar de altísima calidad por 1.000-2.000 yenes.
Día 5 – El encanto histórico de Kioto

El quinto día marca un cambio de ritmo y de escenario: dejás Tokio y te trasladás a Kioto, la antigua capital imperial de Japón. El viaje en shinkansen Hikari desde la estación de Tokio dura unas 2 horas y 40 minutos y está cubierto por el JR Pass sin coste adicional. Si preferís el Nozomi (2 horas y 15 minutos), el billete cuesta unos 14.370 yenes (88 euros) por trayecto, o podés pagar un suplemento de 4.960 yenes si tenés JR Pass. Un tip que pocos mencionan: sentate en el lado derecho del tren (asiento E en vagones estándar) para ver el Monte Fuji por la ventanilla, que aparece unos 45 minutos después de la salida, cerca de la estación de Shin-Fuji. La estación de Kioto es enorme e impresionante por sí misma, con una arquitectura moderna que contrasta con lo que vas a encontrar fuera.
Admirando la majestuosidad de Sanjusangen-do

A unos 20 minutos a pie desde Toji (o un breve trayecto en autobús), el templo Sanjusangen-do es una de las experiencias más impactantes de Kioto. Su salón principal, el edificio de madera más largo de Japón con 120 metros de longitud, alberga 1.001 estatuas doradas de Kannon, la divinidad budista de la compasión. Cada una fue tallada individualmente y no hay dos iguales. La entrada cuesta 600 yenes (4 euros) y el templo abre de 8:00 a 17:00 (de 9:00 a 16:00 en invierno). No se permite fotografía en el interior, lo que obliga a observar con atención en lugar de mirar a través de una pantalla.
Una pausa dulce en Tsuruki Mochi Hompo
Antes de seguir hacia el sur, hacé una pausa en Tsuruki Mochi Hompo, una tienda de mochis que lleva más de un siglo en la zona de Fushimi. Sus mochis de judía roja son frescos, artesanales y cuestan apenas 300-400 yenes por porción. Es el tipo de parada que no aparece en las guías turísticas pero que cualquier local te recomendaría.
Caminando bajo los torii de Fushimi Inari-taisha

La tarde del quinto día está reservada para Fushimi Inari-taisha, probablemente la imagen más reconocible de Japón: miles de torii rojos formando túneles serpenteantes por las laderas del monte Inari. La entrada es gratuita y el santuario está abierto las 24 horas, los 365 días del año. Se llega en 5 minutos en tren desde la estación de Kioto (línea JR Nara, estación Inari, cubierta por el JR Pass). El recorrido completo hasta la cima del monte Inari y vuelta lleva entre 2 y 3 horas (4 km, 233 metros de desnivel), pero la zona más fotogénica, el Senbon Torii (mil puertas), está en los primeros 20 minutos de caminata.
Si querés evitar multitudes, hay dos estrategias: ir temprano por la mañana (antes de las 8:00) o ir al atardecer, cuando la luz filtrándose entre los torii es espectacular y la mayoría de turistas ya se fue. Dato poco conocido: girando a la derecha después del Senbon Torii hay un pequeño bosque de bambú, mucho más tranquilo y sin las aglomeraciones del famoso bosque de Arashiyama.
Cerrando el día con un festín de gyozas
Regresá al centro de Kioto para cenar en Gyoza Hohei, un restaurante especializado en gyozas que los locales consideran uno de los mejores de la ciudad. Las gyozas a la plancha (yaki-gyoza) cuestan unos 300-400 yenes la porción de seis unidades, y es habitual pedir dos o tres porciones acompañadas de arroz y cerveza. Una cena completa ronda los 1.000-1.500 yenes (6-9 euros), una fracción de lo que cuesta comer en los restaurantes turísticos del centro. El restaurante cierra temprano y suele tener cola, así que conviene llegar antes de las 18:30.
Día 6 – Recorriendo el legado imperial de Kioto

El sexto día empieza con calma en el Palacio Imperial de Kioto (Kyoto Gosho), la residencia oficial de la familia imperial japonesa durante más de diez siglos, hasta el traslado a Tokio en 1868. La entrada es gratuita y no requiere reserva previa para el recorrido libre, que sigue una ruta circular señalizada por el recinto. El palacio abre de 9:00 a 17:00 (16:00 en invierno, 16:30 en otoño) y cierra los lunes (si el lunes es festivo, cierra el martes). Para quienes quieran contexto histórico, hay visitas guiadas gratuitas en inglés a las 10:00 y a las 14:00 (50 minutos, sin necesidad de inscripción previa: basta con presentarse en la Sala de Visitantes unos minutos antes). También hay audioguía gratuita en español descargable. Los edificios solo se pueden admirar desde el exterior, pero la arquitectura ceremonial del salón Shishin-den, donde se celebraban las entronizaciones imperiales, impresiona incluso a distancia. El parque que rodea el palacio, el Kyoto Gyoen, está abierto siempre y es un espacio enorme y tranquilo con cerezos, ciruelos y praderas abiertas donde los locales hacen picnic.
Un paseo por el Camino del Filósofo
Desde el parque imperial, tomá un autobús hasta la zona de Higashiyama (líneas 5 o 17 desde la parada Kawaramachi-Marutamachi) para recorrer el Camino del Filósofo (Tetsugaku no Michi), un sendero de unos 2 kilómetros que serpentea junto a un canal bordeado por cientos de cerezos. El nombre viene del filósofo Nishida Kitaro, que lo usaba para meditar camino de la universidad. Es especialmente hermoso durante la floración de los cerezos (finales de marzo a principios de abril) y en otoño, cuando los arces se tiñen de rojo, pero tiene encanto todo el año. A lo largo del paseo hay pequeñas tiendas de artesanía, cafeterías escondidas y dos templos que merecen desvío: el Nanzen-ji (entrada gratuita al recinto, 600 yenes para el jardín zen y el acueducto de ladrillo de la era Meiji) y el Ginkaku-ji (Pabellón de Plata, 500 yenes), que pese a no estar cubierto de plata es uno de los jardines más refinados de Kioto, con su cono de arena perfectamente esculpido que representa el Monte Fuji.
Un almuerzo en el Mercado Nishiki
Para el almuerzo, bajá al centro de Kioto y visitá el Mercado Nishiki, conocido como ‘la cocina de Kioto’. Este mercado cubierto de casi 400 metros alberga más de 120 puestos y tiendas donde se puede probar lo mejor de la gastronomía local en porciones pequeñas. Abre generalmente de 9:00 a 17:00-18:00 (varía por tienda, muchas cierran los miércoles). Es importante saber que en Nishiki no se permite comer caminando: hay que quedarse junto al puesto donde compraste o buscar las zonas habilitadas. Un recorrido gastronómico informal cuesta entre 2.000 y 3.000 yenes (12-18 euros) probando varias cosas. Lo imprescindible: tamagoyaki (tortilla japonesa con dashi), brochetas de pulpo, yuba fresca (piel de leche de soja, especialidad de Kioto), encurtidos de la tienda Nishiki Uchida y mochi relleno de judía dulce. Llevá efectivo: muchos puestos no aceptan tarjeta.
Una degustación de sake en un bar tradicional

La tarde es el momento ideal para pasear por Gion, el barrio de las geishas (o más correctamente, geiko y maiko en el dialecto de Kioto). Las calles empedradas de Hanamikoji-dori y las casas de madera con faroles encendidos crean una atmósfera que parece detenida en el tiempo. Si tenés suerte, podés cruzarte con una maiko caminando hacia su cita de la noche, aunque conviene no seguirlas ni fotografiarlas de forma intrusiva. Desde Gion, caminá hacia el barrio de Fushimi (20 minutos en tren Keihan) para una degustación de sake. Fushimi es uno de los dos grandes centros de producción de sake de Japón (junto con Nada en Kobe), con destilerías como Gekkeikan (museo de sake con entrada de 400 yenes que incluye una degustación) o Kizakura, donde podés probar varias variedades y aprender sobre el proceso de elaboración. La otra opción, si preferís quedaros en el centro, es visitar alguno de los bares de sake de la calle Pontocho, un callejón paralelo al río Kamogawa con decenas de restaurantes e izakayas.
Un cierre junto al río Kamogawa
Terminá el día con una cena ligera en alguno de los restaurantes con terraza sobre el río Kamogawa. En verano (mayo a septiembre), muchos locales de Pontocho y Kiyamachi montan las tradicionales kawayuka (plataformas de madera sobre el río) donde se cena al aire libre con vista al agua. Una cena informal en un izakaya de la zona cuesta entre 2.000 y 4.000 yenes (12-25 euros). Sentarse junto al Kamogawa al atardecer, viendo las garzas pescar mientras los faroles de los restaurantes se encienden uno a uno, es una de esas experiencias que define a Kioto mucho más que cualquier templo.
Día 7 – Una mañana de espiritualidad en Kioto
El séptimo día cubre dos de las imágenes más icónicas de Japón: el reflejo dorado del Kinkaku-ji sobre el agua y la bóveda natural de bambú de Arashiyama. Conviene arrancar temprano porque ambas zonas están en el noroeste de Kioto, lejos del centro, y las multitudes crecen a medida que avanza la mañana.
El esplendor dorado del Kinkaku-ji

Desde la estación de Kioto, tomá el autobús 101 o 205 hasta la parada Kinkakuji-michi (unos 40-45 minutos). El Kinkaku-ji (nombre oficial: Rokuon-ji) abre todos los días de 9:00 a 17:00 y la entrada cuesta 500 yenes (3 euros) para adultos, que se pagan en efectivo. No se pueden comprar entradas con antelación: se venden únicamente en el lugar.
El boleto de entrada es en sí mismo un souvenir: una tira de papel con caligrafía budista que funciona como amuleto de buena fortuna. El pabellón fue construido originalmente en 1397 como villa de retiro del shogún Ashikaga Yoshimitsu y convertido en templo zen tras su muerte. La estructura que se ve hoy data de 1955, reconstruida tras el incendio provocado por un monje en 1950, un episodio que inspiró la novela ‘El pabellón de oro’ de Yukio Mishima. Los dos pisos superiores están cubiertos en pan de oro puro y se reflejan en el estanque Kyoko-chi (estanque espejo), que reproduce la imagen con una nitidez que parece artificial. Para la mejor foto, llegá justo a la apertura: a las 9:00 hay poca gente y la luz de la mañana ilumina la fachada de frente.
Ryoan-ji y su jardín zen
A 15 minutos a pie desde Kinkaku-ji (o una parada en el autobús 59), el templo Ryoan-ji alberga el jardín de rocas más famoso del mundo: 15 piedras dispuestas sobre un lecho de grava blanca rastrillada, diseñado de tal manera que desde cualquier ángulo siempre hay al menos una piedra oculta a la vista. Nadie sabe con certeza quién lo creó ni qué representa. La entrada cuesta 500 yenes y el templo abre de 8:00 a 17:00. Sentarse en la tarima de madera frente al jardín durante 10 o 15 minutos, en silencio, es una experiencia contemplativa que no se parece a nada que hayas hecho antes. El recinto también incluye un lago con lotos y senderos arbolados que muchos visitantes pasan por alto.
Almuerzo en Arashiyama

Desde Ryoan-ji, tomá el autobús 59 o el tranvía Randen (línea Keifuku) desde la estación Ryoanji-mae hasta la estación Arashiyama (15 minutos). La calle principal de Arashiyama, que conecta la estación con el bosque de bambú, está llena de tiendas y puestos de comida. Un almuerzo recomendable es Yoshimura, un restaurante de soba (fideos de trigo sarraceno) con vistas al río Hozu y al puente Togetsukyo. Un plato de soba fría o caliente cuesta entre 1.000 y 1.500 yenes (6-9 euros).
Si preferís algo más rápido, los puestos callejeros ofrecen croquetas de yuba (especialidad de Kioto), brochetas de dango (bolas de mochi a la brasa con salsa de soja) y helado de matcha por 300-500 yenes.
El bosque de bambú de Sagano
Después de comer, caminá hacia el norte por la calle principal hasta el bosque de bambú de Sagano, el más famoso de Japón. El sendero principal tiene unos 500 metros de longitud y está pavimentado, así que es accesible para todo el mundo. El bambú gigante se alza a ambos lados formando una bóveda natural que filtra la luz y crea una atmósfera sonora única: el Ministerio de Medio Ambiente de Japón incluyó este lugar en su lista de los 100 paisajes sonoros del país. El acceso es gratuito y está abierto las 24 horas, lo que significa que se puede visitar al amanecer o al atardecer para evitar las masas (entre las 10:00 y las 15:00 es cuando más gente hay).
Dentro del bosque encontrarás el santuario Nonomiya, un pequeño santuario sintoísta mencionado en ‘El cuento de Genji’, la novela clásica de la literatura japonesa del siglo XI. La visita al bosque en sí lleva entre 30 y 40 minutos, pero combinada con los alrededores se puede pasar medio día entero.
Templo Tenryu-ji y el puente Togetsukyo
Justo al lado del bosque está el templo Tenryu-ji, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y el templo zen más importante de Arashiyama. Su jardín paisajista fue diseñado en el siglo XIV por el monje Muso Soseki y es considerado uno de los mejores jardines de Japón, con un estanque que refleja las montañas del fondo como telón de escena natural. La entrada al jardín cuesta 500 yenes (800 yenes si también querés ver los edificios interiores). El templo abre de 8:30 a 17:00. Desde la salida norte de Tenryu-ji se accede directamente al bosque de bambú, así que podés hacer el recorrido en cualquier dirección.
Para cerrar la visita a Arashiyama, bajá hasta el puente Togetsukyo, un puente de madera de 155 metros que cruza el río Katsura con las montañas boscosas como fondo. Es el símbolo visual del distrito y es especialmente fotogénico al atardecer, cuando la luz rasante tiñe las montañas de naranja.
Cena de tofu en el distrito
Arashiyama tiene excelentes restaurantes de tofu, otro pilar de la cocina de Kioto influenciada por la gastronomía vegetariana de los monasterios budistas. Yudofu Sagano ofrece menús de tofu hervido (yudofu) en un ambiente tradicional con jardín, desde unos 3.000 yenes (18 euros). Es una cena ligera y contemplativa, ideal para cerrar un día dedicado a la naturaleza y la espiritualidad zen. Si preferís algo menos formal, las cadenas de udon y curry de la calle principal ofrecen opciones por 800-1.200 yenes.
Día 8 – Osaka: la capital de la comida callejera

El octavo día te lleva de Kioto a Osaka, la tercera ciudad más grande de Japón y la que los propios japoneses consideran la capital gastronómica del país. El traslado en tren es rápido y barato: el JR Special Rapid desde la estación de Kioto llega a Osaka en unos 30 minutos y está cubierto por el JR Pass. Si no tenés JR Pass, el billete cuesta apenas 580 yenes. También podés tomar la línea Hankyu desde Kawaramachi (Kioto) hasta Umeda (Osaka) por 410 yenes en unos 45 minutos. Osaka tiene una personalidad completamente distinta a Kioto: es ruidosa, directa, desordenada y orgullosa de serlo. Su lema no oficial es kuidaore (食い倒れ), que se traduce como ‘comer hasta arruinarse’.
El Castillo de Osaka

La primera parada es el Castillo de Osaka (Osaka-jo), el más visitado de Japón. El parque que lo rodea tiene 105 hectáreas de acceso gratuito, con fosos, murallas de piedra y más de 600 cerezos. La torre principal, una reconstrucción de hormigón de 1931 que funciona como museo, alberga 8 pisos de exposiciones sobre la historia de Toyotomi Hideyoshi, el señor feudal que unificó Japón en el siglo XVI. La entrada a la torre cuesta 1.200 yenes (7 euros, subió desde los 600 yenes anteriores) y los menores de 15 años entran gratis. Abre todos los días de 9:00 a 17:00 (última entrada 16:30).
Un tip: comprá las entradas online o por código QR en el lugar para evitar la cola de la taquilla, que puede superar los 30 minutos. Desde el piso 8 hay un mirador con vistas a 360 grados de toda Osaka. Para llegar, la estación más cercana es JR Osakajokoen (línea JR Loop).
Shinsekai y el kushikatsu

Desde el castillo, dirigite al barrio de Shinsekai (‘nuevo mundo’), un rincón popular y algo decadente de Osaka que parece congelado en los años sesenta, con faroles de neón y la torre Tsutenkaku como referencia visual. Shinsekai es el lugar de nacimiento del kushikatsu: brochetas de carne, verduras y marisco rebozadas y fritas que se mojan en salsa tonkatsu. La regla fundamental, que verás escrita en carteles enormes en cada restaurante, es no mojar dos veces en la salsa compartida. El restaurante más emblemático es Kushikatsu Daruma, reconocible por la cara enfadada de su mascota en la fachada. Un menú de 5-8 brochetas con cerveza cuesta entre 1.000 y 2.000 yenes (6-12 euros).
El barrio es mejor entre semana para evitar aglomeraciones, pero incluso lleno conserva un ambiente local que otras zonas turísticas de Osaka han perdido.
Dotonbori: el corazón luminoso de Osaka

Por la tarde, cruzá al barrio de Dotonbori, la zona de entretenimiento más famosa de Osaka. El canal que le da nombre está flanqueado por restaurantes con carteles gigantes tridimensionales (el cangrejo mecánico de Kani Doraku, el corredor de Glico, el pulpo de Takoyaki) que compiten entre sí por la atención del transeúnte. Es un espectáculo visual incluso para quienes no planean comer nada, aunque eso es prácticamente imposible.
Lo que hay que probar en Dotonbori: El takoyaki (bolas de pulpo fritas) es el snack callejero emblemático de Osaka. Una porción de 6-8 unidades cuesta entre 500 y 700 yenes (3-4 euros). Takoyaki Juhachiban añade tenkasu crujiente que le da un toque diferente. El okonomiyaki (tortilla gruesa de col con los ingredientes que elijas) se prepara a la plancha delante de vos. Mizuno es uno de los locales más respetados; una porción ronda los 1.000-1.500 yenes. Y para ramen nocturno, Kinryu Ramen (reconocible por el dragón gigante en la fachada) abre 24 horas y ofrece ramen sencillo pero auténtico por 700-900 yenes.
Namba y la noche de Osaka
Dotonbori se funde con el barrio de Namba, que extiende la zona de entretenimiento hacia el sur. La calle comercial cubierta Shinsaibashi-suji conecta Dotonbori con la zona de Shinsaibashi a lo largo de 600 metros de tiendas. Para un cierre de día más tranquilo, el barrio de Ura-Namba (la trastienda de Namba) ofrece callejones con izakayas pequeñas y bares de standing donde los locales van después del trabajo. El ambiente es completamente diferente al de Dotonbori: más íntimo, con porciones de yakitori por 150-300 yenes y jarras de cerveza por 400-500 yenes. Es Osaka en su versión más auténtica y la prueba de que esta ciudad entiende la comida no como un lujo, sino como un derecho fundamental.
Día 9 – Excursión a Nara: ciervos, budas gigantes y linternas milenarias

El noveno día es una excursión de un día completo a Nara, la primera capital permanente de Japón (710-784 d.C.) y una ciudad que concentra una densidad de patrimonio histórico difícil de igualar. Desde Osaka, el tren JR Yamatoji Rapid Service llega a la estación JR Nara en unos 50 minutos (cubierto por el JR Pass). Desde Kioto, la línea JR Nara tarda unos 45 minutos (también cubierta). Si no tenés JR Pass, la alternativa más rápida es la línea Kintetsu desde Namba (Osaka) o desde Kioto, que llega en 35-45 minutos por unos 680 yenes. La estación Kintetsu Nara está más cerca del parque que la estación JR, así que si vas sin pase, es la mejor opción.
El Parque de Nara y los ciervos sagrados

Nada más salir de la estación, a unos 10 minutos a pie, empezás a ver los primeros ciervos sika. El Parque de Nara tiene 660 hectáreas y alberga más de 1.000 ciervos que se pasean en completa libertad entre los visitantes, los templos y las praderas. En el sintoísmo, estos ciervos son considerados mensajeros de los dioses y están protegidos como Tesoro Natural. Podés comprar galletas de arroz especiales (shika senbei) por 200 yenes en los puestos callejeros para alimentarlos. Un consejo práctico: cuando se te acaben las galletas, mostrales las palmas de las manos abiertas para que vean que no tenés más comida, o te perseguirán y mordisquearán la ropa. Algunos ciervos hacen una reverencia antes de recibir la galleta si vos les hacés una reverencia primero. El acceso al parque es gratuito y está abierto las 24 horas.
Todai-ji: el edificio de madera más grande del mundo

Dentro del parque, la visita obligada es el templo Todai-ji, fundado en el año 752. Su salón principal, el Daibutsuden, es el edificio de madera más grande del mundo y alberga el Gran Buda de Nara (Daibutsu), una estatua de bronce de 14,9 metros de altura que pesa unas 500 toneladas. Ver esta estatua en persona produce un impacto que ninguna foto prepara: la escala es abrumadora. La entrada cuesta 600 yenes (4 euros) y el templo abre de 7:30 a 17:30 (de 8:00 a 17:00 en invierno).
Un dato curioso: en uno de los pilares de madera del salón hay un agujero del mismo tamaño que el orificio nasal del Gran Buda (unos 37 x 37 cm). La tradición dice que quien consigue pasar a través del agujero alcanzará la iluminación. Verás colas de turistas y locales intentándolo.
Nigatsu-do y la vista panorámica
Subiendo una escalinata desde Todai-ji, a unos 5 minutos a pie, llegás al Nigatsu-do (Sala del Segundo Mes), un subtemple que la mayoría de turistas ignora. Desde su balcón de madera se tiene una de las mejores vistas panorámicas de Nara: el parque entero, los techos de los templos y la ciudad extendiéndose hasta las montañas. La visita es gratuita y el sitio está mucho menos concurrido que Todai-ji. Es el lugar perfecto para sentarse, respirar y absorber la escala de lo que acabás de ver.
Kasuga Taisha: el santuario de las 3.000 linternas
Desde Nigatsu-do, un sendero arbolado de unos 20 minutos a pie te lleva al santuario Kasuga Taisha, fundado en el año 768 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Lo que hace único a este santuario son sus más de 3.000 linternas: unas 2.000 de piedra bordean los senderos del bosque y otras 1.000 de bronce cuelgan del interior de los pabellones. Fueron donadas a lo largo de los siglos por nobles, samuráis, comerciantes y familias devotas como ofrendas a los dioses. Dos veces al año, durante los festivales Mantoro (en febrero y agosto), se encienden todas simultáneamente, creando una atmósfera sobrenatural. El acceso a los terrenos exteriores es gratuito. Para entrar al santuario interior, la entrada cuesta 500 yenes. El santuario abre de 6:30 a 17:30 (de abril a septiembre) o de 7:00 a 17:00 (de octubre a marzo). El camino de aproximación a Kasuga Taisha, flanqueado por cientos de linternas de piedra cubiertas de musgo, es uno de los paseos más atmosféricos de todo Japón.
Almuerzo en Naramachi y la pagoda de Kofuku-ji
Bajá desde Kasuga Taisha hacia el sur para almorzar en Naramachi, el barrio de casas tradicionales de madera (machiya) reconvertidas en cafeterías, tiendas de artesanía y restaurantes. Un almuerzo de kakinoha-zushi (sushi envuelto en hojas de caqui, especialidad de Nara) o un set de udon con tempura cuesta entre 1.000 y 1.500 yenes (6-9 euros). Naramachi es también ideal para comprar souvenirs de artesanía local. Antes de volver a la estación, pasá por el templo Kofuku-ji, cuya pagoda de cinco pisos (50,1 metros, la segunda más alta de Japón) se refleja en el estanque Sarusawa al atardecer. El Museo Kokuhōkan del templo alberga una colección de esculturas budistas extraordinaria (entrada 700 yenes), pero la vista de la pagoda desde el estanque es gratuita y, con la luz del final de la tarde, es una de las postales más elegantes de Nara.
Regreso a Osaka
Volvé a Osaka por la tarde para cenar. Si todavía tenés ganas de explorar, el barrio de Tenma en Osaka (a dos estaciones del centro en la línea JR Loop) alberga Tenjinbashisuji, la calle comercial cubierta más larga de Japón (2,6 kilómetros), donde se come bien y barato en izakayas locales lejos de las multitudes turísticas de Dotonbori.
Día 10 – El sabor de Kobe: carne legendaria, sake y puerto cosmopolita

El décimo día es una excursión de un día a Kobe, una de las ciudades más cosmopolitas de Japón, famosa por su carne, su sake y su historia de apertura al mundo occidental. Desde Osaka, el trayecto en el JR Special Rapid hasta la estación de Sannomiya (el centro neurálgico de Kobe) toma apenas 21 minutos y está cubierto por el JR Pass. Sin pase, el billete cuesta 420 yenes. Kobe es una ciudad compacta encajada entre las montañas Rokko y el mar, lo que hace que todo sea accesible a pie o con un breve trayecto en metro.
El barrio europeo de Kitano
Empezá la mañana subiendo por Kitano-zaka hasta el distrito de Kitano, donde encontrarás las ijinkan: mansiones de estilo europeo construidas por comerciantes extranjeros en el siglo XIX, cuando Kobe fue uno de los primeros puertos japoneses abiertos al comercio internacional. Varias están abiertas al público (entrada individual entre 300 y 750 yenes, o pase combinado de varias casas por 1.500-3.000 yenes). Las más interesantes son la Weathercock House (Kazamidori no Yakata) y la Moegi no Yakata. El barrio entero tiene un ambiente que no se parece a nada en el resto de Japón: calles empedradas, cafeterías con terraza y vistas al puerto desde la colina.
La legendaria carne de Kobe

A la hora del almuerzo, el plato obligatorio es la carne de Kobe (Kobe beef), una de las variedades de wagyu más prestigiosas del mundo. La auténtica carne de Kobe procede exclusivamente de reses de raza Tajima-ushi criadas en la prefectura de Hyogo y lleva un certificado de origen con sello Nogujiku y número de identificación individual. Para probarla sin destrozar el presupuesto, la estrategia es ir a la hora del almuerzo, cuando los menús son significativamente más baratos que a la cena.
Steakland Kobe-kan, cerca de la estación de Sannomiya, ofrece menús de almuerzo teppanyaki con carne de Kobe certificada desde 5.000-8.000 yenes (30-50 euros), incluyendo sopa miso, arroz, ensalada y verduras a la parrilla. El chef prepara la carne en la plancha delante de vos. Otra opción con más presupuesto es Mouriya, un restaurante con más de un siglo de historia que maneja cortes A4 y A5 con precios desde 7.800 yenes los 120 gramos en el menú de almuerzo. Conviene reservar con antelación en cualquiera de los dos.
Degustación de sake en Nada
Por la tarde, dirigite al barrio de Nada (15 minutos en tren JR desde Sannomiya), uno de los dos grandes centros históricos de producción de sake de Japón. La zona de Nada Gogō (los cinco distritos de Nada) concentra varias destilerías con museo y degustación. Hakutsuru Sake Brewery Museum ofrece entrada gratuita, un recorrido por el proceso de elaboración con herramientas tradicionales y una degustación al final. Kiku-Masamune es otra opción similar, también gratuita, con una colección de utensilios históricos y cata incluida.
Ambas destilerías están a 5-10 minutos a pie desde la estación JR Sumiyoshi o Uozaki. Un tip: después de la degustación, podés comprar botellas exclusivas que solo se venden en la destilería, con precios desde 500 yenes por una botella de 300 ml.
El puerto de Kobe y Nankinmachi
De vuelta hacia Sannomiya, bajá hasta el puerto de Kobe para pasear por la zona de Meriken Park y ver la Torre Portuaria (cerrada por renovación hasta fecha por confirmar; verificá antes de ir) y el Museo Marítimo de Kobe (entrada 900 yenes). El monumento más conmovedor de la zona es el Earthquake Memorial Park, que preserva un tramo del muelle destruido por el terremoto de 1995 tal como quedó, como recordatorio de la tragedia que cobró más de 6.000 vidas. Para la cena, explorá Nankinmachi, el barrio chino de Kobe: un enclave compacto y colorido con puestos callejeros de dumplings al vapor (nikuman, 200-400 yenes), tallarines fritos y dim sum. Es un cierre de día animado y económico antes de volver a Osaka.
Día 11 – Okayama: jardines imperiales y el Castillo del Cuervo
El undécimo día te lleva más al oeste. Desde Osaka, el shinkansen Hikari llega a Okayama en unos 45 minutos (cubierto por el JR Pass). Sin pase, el billete cuesta unos 5.500 yenes. Okayama es una ciudad relajada que funciona como base para visitar la isla de Naoshima al día siguiente, pero tiene dos atracciones que justifican la parada por sí solas.
Jardín Korakuen: uno de los tres grandes jardines de Japón

El Jardín Korakuen está considerado, junto con Kenroku-en (Kanazawa) y Kairaku-en (Mito), como uno de los tres grandes jardines paisajísticos de Japón. Fue construido entre 1687 y 1700 por orden del señor feudal local y ocupa 14,4 hectáreas de praderas abiertas, estanques, caminos serpenteantes, campos de té y bosques de ciruelos, todo ello con el Castillo de Okayama como telón de fondo al otro lado del río Asahi, un recurso de diseño conocido en la jardinería japonesa como shakkei (paisaje prestado). A diferencia de los jardines de Kioto, que son íntimos y cerrados, Korakuen es un jardín para caminar: amplios céspedes se abren paso entre los estanques con carpas koi y las casas de té donde se puede tomar un matcha con dulce japonés por unos 500-600 yenes sentado frente al agua.
Subí al montículo Yuishinzan para tener una vista panorámica del jardín entero con el castillo de fondo. La entrada cuesta 500 yenes (3 euros) para adultos y es gratuita para menores de 18 años. Existe una entrada combinada jardín + castillo por 580 yenes que merece la pena. El jardín abre de 7:30 a 18:00 (de marzo a septiembre) y de 8:00 a 17:00 (de octubre a marzo).
Para llegar desde la estación JR Okayama, podés tomar el tranvía de la línea Higashiyama hasta la parada Shiroshita (100 yenes) y caminar 10 minutos, o directamente ir a pie en unos 25 minutos.
Una visita al Castillo de Okayama

Cruzando el río Asahi desde el jardín, a 5 minutos a pie por un puente, está el Castillo de Okayama, apodado Ujō (Castillo del Cuervo) por sus paneles exteriores de color negro lacado. El castillo original fue completado en 1597, destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido en 1966. En 2022 se reabrió tras una renovación importante que modernizó las exposiciones interiores, con pantallas interactivas y recreaciones sobre la vida en la era feudal. La torre principal de seis pisos ofrece vistas panorámicas de la ciudad y del jardín Korakuen desde arriba.
La entrada cuesta 400 yenes si compraste la combinada con el jardín, o 600 yenes por separado. Abre de 9:00 a 17:30 (última entrada a las 17:00).
Almuerzo en Okayama: la leyenda de Momotaro
Okayama es la ciudad de Momotaro, el niño nacido de un melocotón que es uno de los personajes más famosos del folclore japonés. Verás estatuas de Momotaro y sus tres compañeros animales (mono, perro y faisán) en la avenida que conecta la estación con el castillo. Para el almuerzo, la especialidad local es el barazushi de Okayama, un sushi esparcido sobre arroz con verduras de temporada, marisco, tortilla en tiras y renkon (raíz de loto). El restaurante Azuma Sushi cerca de la estación es una opción accesible, con sets de barazushi desde 1.200-1.800 yenes (7-11 euros).
Otra opción es el demi-katsudon, un tonkatsu con salsa demi-glace en vez de la habitual salsa japonesa, influencia de la cocina occidental que llegó a Okayama por su puerto. Lo encontrarás en restaurantes como Katsudon Nomura por unos 900-1.200 yenes.
Preparando Naoshima: logística para el día siguiente
Okayama es la puerta de entrada a Naoshima, la isla del arte contemporáneo. Si planeás visitar Naoshima al día siguiente, lo más práctico es pernoctar en Okayama y tomar por la mañana el tren JR Uno Line desde la estación de Okayama hasta Uno (unos 50 minutos, cubierto por el JR Pass).
Desde el puerto de Uno, el ferry a Naoshima (puerto de Miyanoura) sale cada hora aproximadamente y cuesta 300 yenes (20 minutos de travesía). Las entradas para el Chichu Art Museum y otros museos de Naoshima se compran online con fecha y hora asignada, y se agotan con semanas de antelación en temporada alta (abril-mayo y octubre-noviembre). Comprá las entradas antes de salir de viaje: es lo más importante de la logística de Naoshima. Podés reservarlas en la web oficial de Benesse Art Site Naoshima (benesse-artsite.jp). Para la noche en Okayama, un hotel cerca de la estación cuesta entre 6.000 y 10.000 yenes (35-60 euros) por noche.
Día 12 – Naoshima: la isla donde el arte contemporáneo se funde con el mar
El duodécimo día es uno de los más singulares del itinerario. Naoshima es una isla de apenas 8 km² en el Mar Interior de Seto que se ha convertido en uno de los destinos de arte contemporáneo más importantes del mundo, gracias al proyecto Benesse Art Site que lleva más de tres décadas transformando la isla en un museo a cielo abierto. Desde Okayama, tomá el JR Uno Line hasta la estación de Uno (50 minutos, cubierto por el JR Pass) y de ahí el ferry hasta el puerto de Miyanoura en Naoshima (20 minutos, 300 yenes).
El primer ferry sale alrededor de las 8:00 y conviene tomarlo para aprovechar el día al máximo. Al llegar al puerto, lo primero que vas a ver es la calabaza roja punteada de Yayoi Kusama, una de las esculturas más fotografiadas de Japón, instalada en el muelle como señal de que estás entrando en un lugar que no se parece a ningún otro.
Chichu Art Museum: el museo bajo tierra
La primera parada debería ser el Chichu Art Museum (Museo de la Tierra Interior), diseñado por Tadao Ando y construido casi íntegramente bajo tierra para no alterar el paisaje natural de la isla. A pesar de ser subterráneo, el museo está inundado de luz natural que cambia a lo largo del día y las estaciones, transformando la experiencia de las obras en algo irrepetible. Solo hay tres artistas en exposición permanente: cinco pinturas de Nenúfares de Claude Monet expuestas en una sala blanca sin marco donde hay que descalzarse, una instalación lumínica de James Turrell que juega con la percepción del espacio, y una escultura monumental de Walter De Maria que interactúa con la luz cenital. Es un museo donde se pide silencio y no se permite fotografía en el interior, lo que obliga a vivir la experiencia en lugar de documentarla. La entrada cuesta 2.500 yenes online en días de semana (2.800 yenes en taquilla) y 2.700 yenes online en fines de semana y festivos (3.000 yenes en taquilla). Abre de 10:00 a 18:00 (de marzo a septiembre) y de 10:00 a 17:00 (de octubre a febrero). Cierra los lunes. La reserva online con fecha y hora es obligatoria en 2026 y las entradas se agotan con semanas de antelación en temporada alta.
Benesse House Museum y Valley Gallery
Desde el Chichu, un sendero costero de unos 20 minutos a pie te lleva al Benesse House Museum, el museo que inició todo el proyecto artístico de la isla en 1992. Diseñado también por Tadao Ando, funciona simultáneamente como museo y como hotel de lujo (las habitaciones tienen obras de arte originales en las paredes). El museo alberga piezas de artistas como Richard Long, Bruce Nauman y Hiroshi Sugimoto. Abre de 8:00 a 21:00 todos los días del año, lo que permite visitarlo temprano por la mañana o al atardecer, cuando la luz sobre el Mar Interior es espectacular. La entrada cuesta 1.300 yenes online (1.500 yenes en taquilla). Junto al Benesse House, el Valley Gallery (inaugurado en 2022) es el noveno edificio de Tadao Ando en la isla, un espacio entre la vegetación que alberga una escultura de Yayoi Kusama y obras que dialogan con el agua y la naturaleza. Está incluido en la entrada del Benesse House Museum.
Art House Project y el almuerzo en Honmura
Para el almuerzo, bajá al pueblo de Honmura, el asentamiento tradicional de la isla. Aquí funciona el Art House Project, un conjunto de siete casas y estructuras antiguas reconvertidas en instalaciones de arte permanente. Cada una fue intervenida por un artista diferente: la más impactante es Minamidera, diseñada por Tadao Ando y con una instalación de James Turrell que te sumerge en la oscuridad total durante varios minutos hasta que tus ojos se adaptan y empezás a percibir luz donde antes no había nada. El billete combinado para seis de las siete casas cuesta 1.050 yenes (la séptima, Kinza, requiere reserva aparte por 520 yenes). Las casas abren de 10:00 a 16:30 y cierran los lunes. En Honmura hay varios cafés y restaurantes pequeños donde almorzar: el Café Salon Naka-Oku ofrece curry japonés y platos caseros por 800-1.200 yenes en un ambiente tranquilo. También hay un pequeño café dentro del Ando Museum (entrada 520 yenes), dedicado a la obra arquitectónica de Tadao Ando, que ocupa una casa de madera tradicional con un interior de hormigón visto que resume el estilo del arquitecto.
La calabaza amarilla y el atardecer
En 2024 se reinstauró la icónica calabaza amarilla de Yayoi Kusama en el embarcadero de Tsutsujisō, en el extremo sur de la isla. La original fue arrastrada por un tifón en 2021 y la nueva versión, ligeramente diferente, se ha convertido en punto de peregrinación para los amantes del arte. Es accesible a pie o en el autobús gratuito de la isla. La mejor hora para fotografiarla es al atardecer, con el Mar Interior de fondo. Si desde mayo de 2025 disponés de más tiempo, podés visitar también el Naoshima New Museum of Art, el museo más reciente de la isla, ubicado en una colina cerca de Honmura con obras de artistas contemporáneos asiáticos como Takashi Murakami y Cai Guo-Qiang.
Moverse por la isla y dónde dormir
Naoshima se puede recorrer en bicicleta (alquiler desde 500 yenes por día en el puerto de Miyanoura), en el autobús municipal que conecta los principales puntos (100 yenes por trayecto) o a pie si no te importa caminar entre 30 y 40 minutos entre las zonas de Miyanoura, Honmura y los museos Benesse. Si querés la experiencia completa, pernoctar en la Benesse House (desde unos 35.000 yenes la noche con cena kaiseki incluida) permite recorrer el museo y los jardines exteriores cuando no hay visitantes diurnos. Como opción más económica, hay guesthouses y minshuku en Honmura y Miyanoura desde 5.000-8.000 yenes la noche. El último ferry de vuelta a Uno sale alrededor de las 19:30-20:00 (verificá horarios según la temporada), así que si no pernoctas, calculá bien el tiempo para no quedarte varado.
Día 13 – Hiroshima: historia, paz y los mejores sabores del oeste de Japón

El decimotercer día te lleva a Hiroshima, una ciudad que es mucho más que su historia trágica: es un símbolo vivo de reconstrucción, resiliencia y compromiso con la paz. Desde Okayama (o desde Naoshima vía Uno y Okayama), el shinkansen Hikari llega a la estación de Hiroshima en unos 40 minutos (cubierto por el JR Pass). Sin pase, el billete cuesta unos 6.260 yenes. Si venís directamente desde Naoshima, calculá tomar el primer ferry de vuelta a Uno (alrededor de las 8:00), el tren JR Uno Line hasta Okayama (50 minutos) y desde ahí el shinkansen. Con buenas conexiones, podés estar en Hiroshima antes de las 11:00.
El Parque Conmemorativo de la Paz

Desde la estación de Hiroshima, tomá el tranvía línea 2 o 6 hasta la parada Genbaku-Dōmu Mae (15 minutos, 240 yenes). La primera imagen al bajar es la Cúpula de la Bomba Atómica (Genbaku Dome), los restos del antiguo Salón de Promoción Industrial de la Prefectura de Hiroshima, el único edificio que quedó parcialmente en pie cerca del hipocentro de la explosión del 6 de agosto de 1945. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la estructura se conserva tal como quedó tras la detonación: esqueleto de acero, paredes descascaradas y la cúpula de hierro desnuda contra el cielo. Se ve desde el exterior (no se puede entrar) y su impacto visual es inmediato, sin necesidad de explicación. El Parque Conmemorativo de la Paz, diseñado por el arquitecto Kenzo Tange e inaugurado en 1954, ocupa 12 hectáreas entre los ríos Honkawa y Motoyasu, en lo que antes de la bomba era el centro político y comercial de la ciudad. El acceso al parque es gratuito y permanente.
Recorrerlo lleva entre 1 y 2 horas, dependiendo de cuánto tiempo dediques a cada monumento. El Cenotafio de las Víctimas está alineado con la Llama de la Paz y la Cúpula, creando una línea visual intencionada que conecta el recuerdo, la esperanza y las ruinas. La Estatua de Sadako Sasaki, la niña que plegó mil grullas de origami con la esperanza de curarse de la leucemia causada por la radiación, está rodeada de vitrinas con grullas de papel enviadas por niños de todo el mundo.
El Museo Memorial de la Paz
El Museo Memorial de la Paz de Hiroshima es la visita más intensa del viaje. Renovado en 2019, el recorrido comienza en la tercera planta del edificio Este con proyecciones y maquetas que muestran la ciudad antes y después de la explosión. El edificio principal expone objetos personales de las víctimas: un reloj detenido a las 8:15, ropa carbonizada, una bicicleta retorcida, testimonios en vídeo de supervivientes (hibakusha). No es una experiencia fácil, pero sí necesaria y tratada con un respeto absoluto que evita el sensacionalismo. El museo abre a las 7:30 todo el año; el cierre varía según la temporada: 19:00 de marzo a noviembre, 18:00 de diciembre a febrero y 20:00 en agosto (hasta las 21:00 los días 5 y 6 de agosto). El último acceso es 30 minutos antes del cierre. Las franjas de 7:30 a 8:30 requieren reserva online y son las más tranquilas para la visita. La entrada cuesta 200 yenes (poco más de un euro) para adultos, 100 yenes para mayores de 65 años (con pasaporte) y es gratuita para menores de secundaria.
Calculá entre 1,5 y 2 horas para el recorrido completo. Un dato útil: en la entrada del museo podés solicitar un guía voluntario gratuito (principalmente en inglés) que acompaña por el parque y aporta contexto histórico y personal. Son ciudadanos locales que dedican su tiempo a compartir la historia de la ciudad.
Okonomiyaki estilo Hiroshima

Después de una mañana emocionalmente intensa, la mejor transición es sentarte a comer algo reconfortante. El okonomiyaki estilo Hiroshima es diferente al de Osaka: en vez de mezclar todos los ingredientes, se construye por capas sobre la plancha: masa fina, col en abundancia, brotes de soja, fideos yakisoba, carne o marisco, y un huevo frito coronando todo, bañado en salsa dulce. El lugar más emblemático para probarlo es Okonomimura (Okonomiyaki Village), un edificio de tres pisos con más de 20 puestos de okonomiyaki cerca del centro de la ciudad. Cada puesto tiene su propia receta y un cocinero que lo prepara delante de vos en una plancha teppan. Un okonomiyaki completo cuesta entre 900 y 1.400 yenes (5-8 euros). Si preferís un local individual con menos ambiente turístico, Nagata-ya es uno de los más respetados por los locales, aunque suele tener cola de 20-30 minutos en horario de almuerzo.
La isla de Miyajima y el torii flotante

Si llegaste a Hiroshima antes del mediodía, la tarde alcanza para una excursión a Miyajima (nombre oficial: Itsukushima), la isla sagrada famosa por su torii rojo que parece flotar sobre el agua durante la marea alta. Desde la estación de Hiroshima, tomá el JR Sanyo Line hasta Miyajimaguchi (27 minutos, cubierto por el JR Pass) y de ahí el ferry JR a la isla (10 minutos, también cubierto por el JR Pass).
El santuario de Itsukushima, Patrimonio de la Humanidad, se extiende sobre el agua con plataformas conectadas por pasarelas de madera bermellón. La entrada al santuario cuesta 300 yenes. El torii de 16 metros de altura fue renovado entre 2019 y 2022 y se puede ver desde distintos ángulos: con marea alta parece flotar, con marea baja se puede caminar hasta su base. Consultá las tablas de mareas en la web de turismo de Miyajima para elegir el momento.

En la isla también deambulan ciervos sika en libertad (como en Nara, pero con menos turistas) y hay puestos callejeros de momiji manju (pastelitos rellenos de judía roja con forma de hoja de arce, el souvenir emblemático de Hiroshima, desde 100-200 yenes la unidad). El último ferry de vuelta sale alrededor de las 22:00, así que hay margen de sobra para ver el atardecer sobre el torii.
Ostras de Hiroshima para cerrar el día
De vuelta en Hiroshima, la cena es el momento perfecto para probar las ostras de Hiroshima, que representan más del 60% de la producción de ostras de todo Japón. Kakifune Kanawa es un restaurante flotante amarrado en el río Motoyasu, cerca del Parque de la Paz, que lleva más de un siglo sirviendo ostras frescas preparadas de todas las formas posibles: al vapor, gratinadas, fritas, en tempura y crudas. Un menú de ostras variadas cuesta entre 2.500 y 4.000 yenes (15-25 euros). Si preferís algo más informal, varios puestos del mercado cercano a la estación de Hiroshima ofrecen ostras a la brasa por 300-500 yenes la pieza.
Día 14 – Un día para reflexionar y cerrar con broche de oro
El último día del itinerario cierra el círculo volviendo a Tokio, donde empezó todo hace dos semanas. Desde Hiroshima, el shinkansen Nozomi llega a la estación de Tokio en unas 3 horas y 50 minutos (unos 19.440 yenes sin JR Pass). Si tenés el JR Pass de 14 días, el Hikari tarda unas 4 horas y 30 minutos pero está cubierto sin coste adicional. La recomendación es tomar un tren temprano (entre las 7:00 y las 8:00) para llegar a Tokio antes del mediodía y aprovechar las últimas horas en la ciudad.
Si tu vuelo sale ese mismo día desde Narita, calculá que necesitás estar en el aeropuerto unas 3 horas antes del vuelo y que el trayecto desde el centro de Tokio toma entre 60 y 90 minutos (Narita Express, 3.250 yenes, cubierto por JR Pass). Desde Haneda, el trayecto es más corto: 20-40 minutos en monorraíl o tren.
Torre Orizuru: un gesto de paz antes de partir
Si tenés una hora libre en Hiroshima antes de tomar el shinkansen, la Torre Orizuru merece una visita rápida. Está justo al lado de la Cúpula de la Bomba Atómica, a 5 minutos a pie de la estación de tranvía Genbaku-Dōmu Mae. En su interior hay un taller donde podés plegar tu propia grulla de origami y depositarla en una pared colectiva que se va llenando con las grullas de visitantes de todo el mundo.
Es un gesto sencillo pero significativo que conecta con la historia de Sadako Sasaki. La torre también tiene un mirador en el piso 12 con vistas al Parque de la Paz desde arriba. La entrada cuesta 1.400 yenes (incluye materiales para la grulla) y abre de 10:00 a 19:00 (de julio a septiembre desde las 9:30). Si salís temprano hacia Tokio, verificá que esté abierta.
Últimas compras en la estación de Tokio
La estación de Tokio es mucho más que un nudo de transporte: es un centro comercial subterráneo donde podés resolver todas las compras de última hora. La zona de Tokyo Character Street (bajo la estación, salida Yaesu) concentra tiendas oficiales de personajes japoneses: Pokémon Center, Ghibli, Hello Kitty, Ultraman, Snoopy Town y más de 30 marcas. Para comida y souvenirs gastronómicos, Tokyo Station First Avenue tiene una sección llamada Tokyo Okashi Land con las principales marcas de dulces japoneses ofreciendo sabores exclusivos de edición limitada que solo se consiguen en la estación.
El depachika (sótano gastronómico) del edificio Daimaru Tokyo (conectado directamente a la estación) es otra opción excelente para comprar cajas de dulces, wagashi, galletas y chocolates japoneses empaquetados para regalo por 800-2.500 yenes la caja. Todo en Japón viene empaquetado con una estética impecable, así que no hace falta envolver nada.
Ramen Street: el almuerzo definitivo
En el mismo subsuelo de la estación de Tokio, Tokyo Ramen Street reúne ocho de los restaurantes de ramen más reconocidos de la ciudad en un solo pasillo. Cada uno representa un estilo diferente: desde el tonkotsu cremoso de Rokurinsha (famoso por su tsukemen de fideos gruesos con caldo concentrado para mojar, cola habitual de 20-30 minutos) hasta el shio ramen ligero de Soranoiro, que también ofrece opciones vegetarianas y veganas, algo poco habitual en Japón.
Un bowl de ramen cuesta entre 900 y 1.300 yenes (5-8 euros). Es el almuerzo perfecto para el último día: rápido, contundente y con el nivel de calidad que solo Tokio puede concentrar en un sótano de estación.
Si tenés la tarde libre: Akihabara o Yanaka
Si tu vuelo sale al día siguiente o por la noche y tenés unas horas extra, hay dos opciones que no se cubrieron en los primeros días del itinerario. Akihabara, a dos estaciones de Tokio en la línea JR Yamanote, es el barrio de la electrónica, los videojuegos y la cultura otaku. Más allá de las tiendas de gadgets, lo interesante para el viajero no especializado son las tiendas de segunda mano de figuras y coleccionables (Mandarake, Super Potato para retrogaming) y los maid cafés, una experiencia cultural japonesa difícil de explicar sin vivirla (entrada desde 700 yenes con una consumición incluida).
Como alternativa completamente opuesta, el barrio de Yanaka (estación Nippori, línea JR Yamanote) es uno de los pocos rincones de Tokio que sobrevivió a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y conserva un aire de pueblo dentro de la megalópolis: calles estrechas, templos pequeños, tiendas de artesanía familiar y la calle comercial Yanaka Ginza, donde puestos de croquetas de carne (menchi-katsu, 200 yenes), helado de sake y galletas de gato te acompañan en un paseo que se siente como un viaje en el tiempo.
Despedida de Japón
Dos semanas dan para mucho y para poco al mismo tiempo. En 14 días habrás recorrido la megalópolis más fascinante del mundo, los templos de una ciudad que fue capital durante mil años, la calle gastronómica más ruidosa de Asia, una isla donde el arte contemporáneo dialoga con el mar, un parque donde más de mil ciervos te hacen reverencias y una ciudad que decidió convertir su herida más profunda en un mensaje de paz.
Habrás comido sushi preparado con técnicas de más de un siglo, ramen en un sótano de estación, okonomiyaki construido capa por capa delante de tus ojos y carne de Kobe fundida sobre una plancha teppanyaki. Y probablemente, mientras el avión despega, ya estarás pensando en cuándo volver. Japón tiene ese efecto.
El recorrido completo para 14 días en Japón
| Día | Ciudad base | Puntos destacados |
|---|---|---|
| 1 | Tokio | Nihonbashi, Ozu Washi, Mitsukoshi, Palacio Imperial, Yoshino Sushi Honten |
| 2 | Tokio | Roppongi: Museo Mori, Centro Nacional de Arte, Museo Suntory, Afuri ramen |
| 3 | Tokio | Harajuku (Takeshita-dori), Ikebukuro (Otome Road), Shinjuku (Robot Restaurant) |
| 4 | Tokio | Mercado de Toyosu, Ginza (Ginza Six), Sushi no Midori |
| 5 | Kioto | Shinkansen desde Tokio, templo Toji, Sanjusangen-do, Fushimi Inari-taisha |
| 6 | Kioto | Palacio Imperial, Camino del Filósofo, Mercado Nishiki, degustación de sake |
| 7 | Kioto → Osaka | Kitano Tenman-gu, Kinkaku-ji, tren a Osaka, Dotonbori |
| 8 | Osaka | Castillo de Osaka, templo Shitenno-ji, Conrad Osaka |
| 9 | Osaka | Museo Nacional de Arte, Kashiwaya (kaiseki), Umeda Sky Building |
| 10 | Okayama → Naoshima | Jardín Korakuen, castillo de Okayama, ferri a Naoshima, Benesse House |
| 11 | Kobe | Barrio Kitano (ijinkan), carne de Kobe, destilería de sake, puerto, Nankinmachi |
| 12 | Nara | Parque de Nara (ciervos), Todai-ji, Kasuga-taisha, Jardín Isuien |
| 13 | Naoshima → Hiroshima | Museos de Naoshima, shinkansen a Hiroshima, Parque de la Paz, ostras en Kakifune Kanawa |
| 14 | Hiroshima → Tokio | Museo de Arte de Hiroshima, Torre Orizuru, vuelo a Tokio, Golden Gai o Shimokitazawa |
Preguntas frecuentes
¿Dos semanas son suficientes para conocer Japón?
Dos semanas permiten recorrer los destinos esenciales del país, incluyendo Tokio, Kioto, Osaka, Hiroshima, Nara y alguna escapada como Naoshima o Kobe. No es tiempo suficiente para abarcar regiones como Hokkaido o Kyushu, pero sí para llevarse una visión completa de la cultura, la gastronomía y la historia japonesa en un primer viaje.
¿Cuánto cuesta un viaje de dos semanas a Japón en 2026?
El presupuesto varía según el estilo de viaje. Un viajero con presupuesto ajustado puede gastar entre 2.800 y 3.500 euros por persona (incluyendo vuelo, alojamiento tipo cápsula y comida económica), mientras que un presupuesto medio ronda los 4.000 a 5.500 euros. El tipo de cambio actual del yen sigue siendo favorable para viajeros europeos y latinoamericanos.
¿Es necesario el Japan Rail Pass para un itinerario de 14 días?
Para un recorrido que incluye Tokio, Kioto, Osaka, Hiroshima y ciudades intermedias, el Japan Rail Pass de 14 días suele ser rentable frente a la compra de billetes individuales de shinkansen. Es recomendable calcular las rutas concretas del itinerario antes de comprarlo, ya que desde la reforma de precios su ventaja depende del número de trayectos largos que se realicen.
¿Necesito visado para viajar a Japón durante dos semanas?
Los ciudadanos de España, Argentina, México, Chile, Colombia y la mayoría de países hispanohablantes pueden entrar a Japón sin visado para estancias turísticas de hasta 90 días. Es obligatorio completar el formulario Visit Japan Web antes del vuelo para agilizar los trámites de inmigración y aduanas en el aeropuerto.
¿Cuál es la mejor época del año para hacer este itinerario?
Primavera (marzo-abril) y otoño (octubre-noviembre) son las temporadas más recomendadas por el clima templado y los paisajes de sakura o momiji. El verano es caluroso y húmedo, especialmente en Kioto y Osaka, mientras que el invierno permite disfrutar de onsen y menos aglomeraciones. Conviene evitar la Golden Week (finales de abril-principios de mayo) y Obon (mediados de agosto) por la saturación del transporte y los alojamientos.
¿Es posible recorrer Japón dos semanas sin hablar japonés?
Sí. Las estaciones de tren, el metro y los principales atractivos turísticos tienen señalización en inglés. Google Maps funciona con gran precisión para el transporte público japonés, y aplicaciones como Google Translate con cámara ayudan a leer menús y carteles. En zonas rurales o restaurantes pequeños el idioma puede ser una barrera, pero con gestos y las apps se resuelve sin problemas.
¿Conviene empezar el viaje por Tokio o por Osaka?
El itinerario puede hacerse en ambas direcciones. Empezar por Tokio y terminar en Hiroshima (o viceversa) tiene la ventaja de evitar el trayecto de vuelta al aeropuerto de origen. Si el vuelo de ida llega a Narita o Haneda y el de vuelta sale desde Kansai (o al revés), se ahorra tiempo y dinero. Este artículo propone Tokio como punto de partida porque permite aclimatarse al ritmo japonés en la ciudad más grande antes de avanzar hacia el oeste.
¿Qué tarjeta de transporte local necesito además del JR Pass?
El JR Pass cubre trenes JR (incluido el shinkansen), pero no el metro municipal ni algunos buses urbanos. Para el transporte local conviene tener una tarjeta IC tipo Suica o Pasmo, que se puede cargar en las máquinas de las estaciones o, en el caso de iPhone, añadir directamente desde Apple Wallet antes del viaje. Estas tarjetas también sirven para pagar en konbinis y máquinas expendedoras.
¿Es necesario contratar un seguro de viaje para Japón?
Japón no exige un seguro de viaje obligatorio para turistas, pero es muy recomendable contratarlo. La atención médica en hospitales japoneses es de alta calidad pero costosa, y una urgencia puede suponer entre 500 y 2.000 euros por día de ingreso. Un seguro de viaje con cobertura médica adecuada cuesta entre 35 y 90 euros para dos semanas y evita sustos económicos.
¿Cómo conecto a internet durante las dos semanas en Japón?
La opción más práctica en 2026 es una eSIM de datos, que se activa desde el teléfono antes o al aterrizar, sin necesidad de cambiar la tarjeta SIM física. Hay planes de 10 a 20 GB por entre 20 y 40 euros que cubren cómodamente dos semanas. También existen opciones de pocket WiFi que se retiran en el aeropuerto, útiles si se viaja en grupo y se quiere compartir conexión entre varios dispositivos.


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