Naka de Japatonic: «Estos pueblos se quedaron en el tiempo y sobreviven no sabemos cómo»

Naka, de Japatonic, recorre Kiyosato y el lago Sagamiko, dos destinos de la burbuja que hoy viven a medias entre el abandono y el turismo residual.

Naka de Japatonic frente a un edificio europeo abandonado en Kiyosato, Yamanashi
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Kiyosato, en la meseta de Yatsugatake (prefectura de Yamanashi), fue durante los años setenta y ochenta uno de los destinos de fin de semana más de moda para los habitantes de Tokio. Las revistas femeninas de la época lo llamaban el Harajuku de las mesetas y llegaron a registrarse hasta tres millones de visitantes al año. Hoy el número es una fracción de aquello y buena parte de los edificios de estilo europeo que se levantaron con el dinero de la burbuja permanecen a medio uso o directamente abandonados.

Naka, de Japatonic, decidió visitarlo un domingo precisamente porque es el día de más movimiento en este tipo de zonas. «Hoy vamos a recorrer dos ciudades o pueblos turísticos que se quedaron en el tiempo, que están en decaída y sobreviven no sabemos cómo», dice al empezar. «En este barrio se solía recibir hasta tres millones de turistas al año en la época de la burbuja. Era una zona de descanso para los japoneses para pasar el fin de semana arriba de las montañas, relajarse, pero con lujos.»

Naka de Japatonic al volante con Kittchan y Doraemon en el coche
Naka y Kittchan de camino a la meseta

Antes de llegar a Kiyosato paran en el lago Sagamiko, un embalse artificial creado en 1947 con la presa de Sagami. Fue el primer lago artificial de Japón con ese nombre y durante décadas funcionó como destino de recreo popular. Hoy quedan barcos de alquiler, un par de centros de máquinas recreativas de los ochenta y poco más. Naka se detiene en las máquinas. «Hasta donde yo sé. Acá hay máquinas para cambiar monedas, pero te cambian de monedas de cien yenes y te devuelven de a diez. Y se caen las monedas. O sea, acá hay juegos que valen diez yenes, o sea que serían como sesenta centavos de dólar.» En realidad diez yenes equivalen a unos seis centavos de dólar, pero la cifra da idea de lo barato que sigue siendo.

Naka de Japatonic mirando máquinas recreativas antiguas en Sagamiko
Máquinas de la época de la burbuja en Sagamiko

Una de ellas lleva el logo de Capcom. Otra ofrece premios que parecen caramelos de polvo. Naka gana un Cheeto y un caramelo ácido. «A mí me encantan. Son muy ricos.» El paisaje del lago, con neblina entre las montañas, es lo que más justifica la parada. «Es muy Ghibli esto.»

La estación de Kiyosato está a 1.274 metros de altitud y es la segunda más alta de toda la red de JR East (solo la supera Nobeyama). El tren de la línea Koumi pasa cada hora o hora y media. «El pueblo se llama Kiyosato, que sí hay una estación de tren del cual el tren pasa cada hora o hora y media, no pasan muchos trenes al día.» «Vinimos a propósito domingo porque domingo se supone que es el día de la semana donde más actividad hay en las zonas turísticas. No crean que en Japón los domingos es el día en el que todos descansan.»

Los edificios de estilo europeo que se ven por el centro son el rastro más claro de la burbuja. Muchos llevan carteles de «propiedad en administración». «Por ejemplo, el cartel dice que la propiedad está en administración, o sea, está dejado. No se sabe si está en alquiler, en venta, pero como que están diciéndote: ‘Esto tiene dueño’. No te vayas a meter, nada por el estilo.» «O sea, son edificios… O sea, es muy Ghibli esto.»

También quedan tiendas de honor system, donde se deja el dinero en una caja. Naka entra en una. «Pero el hecho es que todos los días una persona debe venir y llevarse las cosas, porque si no, un día de lluvia, viento, lo que sea, se sale todo volando. Pero es sin duda una de las tiendas activas más abandonadas que haya visto en mi vida.» Hay un pequeño bus de decorado retro y una tienda con forma de tetera. «Una tienda que tiene forma de tetera y este edificio que no sé qué es, pero increíble.»

El templo del lugar está bien mantenido y tiene cámara de vigilancia. Aparecen ciervos. «Se me hace rarísimo ver ciervos. No tenía idea de que había ciervos en esta zona. Sí, están ahí, mirando. Guau, el lugar era más mágico de lo que yo pensaba.» El clima de la meseta es fresco y seco incluso en verano. «Che, pero a mí me encantó el clima. En Tokio no me quiero imaginar el calor que debe hacer hoy. Hay muy poca humedad.»

Uno de los edificios más curiosos es el antiguo restaurante de Takeshi Kitano (Beat Takeshi). Invirtió en la zona durante el boom y el local quedó abandonado. Hoy tiene plantas en las escaleras y un calendario de 1999. «Este restaurante perteneció a Takeshi Kitano. O sea, Beat Takeshi. El famoso actor. También comediante. El hecho es que él hizo su inversión en esta zona. Poniendo un restaurante con su nombre.»

El único sitio con actividad real que encuentran es el restaurante ROCK, famoso por su curry. «El curry tiene muy buena pinta. Mmm. Uy, qué buen curry. Sabor bien fuerte, marcado. Bien espeso. Con mucho sabor a carne.» Antes de marcharse suben al teleférico, que en verano es solo mirador y en invierno pista de esquí. Está lleno de libélulas. «Altito, pero altavista.com, ¿eh? Ah, qué lindo. Está lleno, lleno, lleno, lleno de libélulas. Está lindo. Hermosa vista. Cosa que no se puede apreciar mucho en cámara, ¿no? Acá en verano lo hacen solamente como un lugar para disfrutar las vistas. En invierno es pista de esquí. Alta pista de esquí tenés, ¿eh? No, acá te rompés un hueso seguro.»

«Con esta linda vista, nos despedimos. Gracias a todos por ver. Y nos vemos en la próxima. Un saludo a vos, a tu familia, a tu mascota y al forro de tu vecino.» Naka recuerda la única vez que intentó esquiar. «Yo una vez nomás me acuerdo que fui a esquiar y nada. Cómo me dolió el culo después. La caída de culo, no esquié nada. Esquié veinte metros, casi me mato, casi mato a alguien. Nunca más. No lo vuelvo a hacer nunca más en la vida. Muy peligroso. Te puede romper una pierna.»

Kiyosato y Sagamiko no están muertos. Siguen recibiendo visitantes los fines de semana, mantienen los baños en perfecto estado y alguna tienda de honor system sigue funcionando. Pero ya no son los destinos de lujo que fueron. Son el resto visible de una burbuja que se desinfló hace más de treinta años y que, de alguna manera, sigue en pie.

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