Martín Varsavsky, empresario argentino-español y padre de siete hijos, ha publicado un mensaje desde Menorca en el que describe una escena que ha observado con una familia japonesa. Cuando un niño grita, el adulto se acerca, se agacha a su altura y baja la voz hasta casi el susurro. El pequeño se calla para poder oír. Varsavsky ha resumido esa costumbre en tres palabras japonesas: meiwaku, wa y shitsuke.
El mensaje, publicado el 27 de agosto de 2026 en X, ha superado los 250.000 visualizaciones y ha generado cientos de respuestas. Varsavsky, que ha fundado empresas de telecomunicaciones, fertilidad e inteligencia artificial y reparte su tiempo entre Madrid y Estados Unidos, ha presentado el episodio como un consejo práctico para padres. No se trata de una teoría abstracta: es una observación directa de cómo reaccionan adultos japoneses ante un niño que alza la voz en público.
Meiwaku: no molestar a los demás
Meiwaku (迷惑) es la idea de no causar molestia o inconveniencia a otras personas. En la crianza japonesa se repite desde muy temprano. Un niño aprende que sus gritos, sus carreras o su desorden afectan a quienes están alrededor. No es solo una norma de etiqueta: es una forma de enseñar que el propio comportamiento tiene consecuencias en el grupo. En trenes, restaurantes o tiendas, los adultos japoneses suelen intervenir con discreción precisamente para evitar ese meiwaku. Varsavsky ha señalado que el niño se calla porque interpreta la voz baja como señal de que algo importante está a punto de decirse. Esa interpretación tiene base en cómo funciona el oído humano: un susurro obliga a concentrar la atención.
Esta práctica no implica gritos ni castigos físicos. Desde 2020, la legislación japonesa ha prohibido el castigo corporal por parte de los padres. El énfasis está en la corrección privada y en el ejemplo. Muchos padres se apartan unos metros, se agachan y hablan en voz baja, lejos de la mirada de desconocidos. El objetivo no es humillar al niño, sino que interiorice la norma sin convertir la escena en un espectáculo.
Wa y shitsuke: armonía y educación por el ejemplo
Wa (和) se refiere a la armonía del grupo. En la educación japonesa, mantener esa armonía pesa más que destacar de forma individual. Un niño que grita en un espacio compartido rompe temporalmente esa wa. El adulto que se agacha y susurra restablece el orden sin elevar el conflicto. Shitsuke (しつけ) es el proceso de educar mostrando el comportamiento esperado. No se trata de una disciplina reactiva, sino de modelar el carácter a través de la repetición y el ejemplo. El kanji combina elementos que remiten al cuerpo y a la belleza: la idea es que la conducta correcta se incorpora con la práctica, no solo con órdenes.
En las escuelas japonesas, los niños limpian sus aulas, se alinean para entrar y practican saludos y silencios hasta que se vuelven automáticos. Ese entrenamiento cotidiano es shitsuke en acción. Cuando un padre se agacha y baja la voz, está demostrando la calma que espera del niño. Los especialistas en desarrollo infantil señalan que los pequeños aprenden más por observación que por sermones. Si el adulto grita, el niño aprende a gritar. Si el adulto susurra, el niño aprende a modular el volumen.
Varsavsky ha vivido la escena en Menorca, donde compartía espacio con una familia japonesa. El contraste con otras culturas es visible. En muchos países occidentales, la respuesta habitual ante un berrinche público es subir el tono o amenazar con consecuencias inmediatas. En Japón, la preferencia es bajar la intensidad y redirigir en privado. No siempre funciona al instante, y no todos los padres japoneses actúan igual, pero la norma cultural empuja hacia esa discreción.
Cómo se ve esto en el día a día
En los trenes de Tokio o Osaka es habitual ver a niños pequeños que permanecen sentados y en silencio durante trayectos largos. No es magia ni represión absoluta: es el resultado de años de mensajes repetidos sobre meiwaku. Un padre que necesita corregir a su hijo suele esperar a bajar en la estación o se coloca en un rincón del andén antes de hablar. El mismo patrón aparece en parques y centros comerciales. El niño aprende que el espacio público no es el lugar para resolver conflictos a gritos.
Esta costumbre tiene límites. Algunos educadores japoneses advierten que el miedo a molestar puede retrasar que un niño exprese necesidades legítimas. La presión por mantener la wa no siempre deja espacio para la frustración individual. Aun así, el enfoque de Varsavsky se centra en el aspecto práctico: bajar la voz obliga al niño a escuchar y reduce la escalada emocional. Es un recurso que cualquier padre puede probar sin necesidad de adoptar todo el sistema educativo japonés.
En japonenespanol.es hemos contado cómo los niños japoneses ganan independencia desde muy pequeños, como se ve en el programa «Mi primer mandado». Ese mismo espíritu de responsabilidad temprana se relaciona con shitsuke. Un niño que aprende a no molestar a los demás también aprende a manejar encargos sencillos sin supervisión constante. La guía para viajar a Japón con niños recoge destinos y actividades donde este tipo de comportamiento se observa con claridad, desde los trenes hasta los parques temáticos.
El mensaje de Varsavsky no pretende idealizar Japón. El propio empresario, que ha criado a siete hijos entre distintos países, lo presenta como una herramienta concreta que ha visto funcionar en una situación real. Tres palabras bastan para resumir el marco: meiwaku para no molestar, wa para preservar la armonía y shitsuke para educar con el ejemplo. Si un niño grita, acercarse, agacharse y hablar casi en susurro puede ser más efectivo que elevar la voz. El oído humano, como ha recordado Varsavsky, interpreta esa bajada de volumen como una señal de que lo que viene a continuación merece atención.
La escena en Menorca es breve, pero condensa una forma de relacionarse con los hijos que lleva décadas consolidada en Japón. No sustituye otras estrategias de crianza, pero ofrece una alternativa clara cuando el volumen sube en un espacio compartido. Para padres que buscan reducir los conflictos públicos sin recurrir a gritos, el consejo que Varsavsky ha extraído de esa familia japonesa es sencillo de probar y difícil de olvidar.


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