«Un país no solo importa manos; importa comportamientos». Con esa frase, el fundador de Jazztel y Fon resumió a mediados de junio su postura en un hilo de X que arrancó con una imagen del Mundial 2026: los aficionados de Japón limpiando las gradas tras su partido. A partir de ahí, el empresario sostuvo que el problema nunca fueron los inmigrantes sino la cultura, y defendió atraer gente por su talento y su capacidad de adaptación, «no por pena».
La conversación acumuló cientos de respuestas sobre inmigración, educación y civismo, y Varsavsky fue contestando una por una. Pero detrás del gesto de los aficionados japoneses hay mucho más que buenos modales, y la realidad migratoria de Japón es bastante más compleja de lo que sugiere el hilo.
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Los aficionados de Japón que limpian el estadio en el Mundial 2026
El detonante fue una escena que se repite en cada partido de fútbol que involucre a la selección japonesa. Tras el empate 2-2 entre Japón y Países Bajos en el Mundial 2026, varios seguidores se quedaron en las gradas del AT&T Stadium de Arlington, Texas, para recoger basura con las mismas bolsas que habían usado durante el partido para animar a su selección. La propia FIFA difundió el vídeo, que se viralizó en pocas horas.
No es algo nuevo. La costumbre ganó notoriedad internacional en el Mundial de Brasil 2014, e incluso tras la dolorosa eliminación ante Bélgica en octavos de final, los seguidores japoneses recogieron la basura antes de abandonar el estadio. El seleccionador, Hajime Moriyasu, lo explicó días después: «cuando nos vamos de un lugar, hay que dejarlo como estaba».
El hilo de Varsavsky: de las gradas a la inmigración en España
Lo que empezó como un comentario sobre fútbol derivó rápidamente hacia la política migratoria española. Ante un usuario que ironizó con que en España «los políticos limpian las arcas», Varsavsky replicó: «La diferencia es que los japoneses limpian lo ajeno por respeto y nuestros políticos limpian lo público como si fuera suyo. Cultura cívica contra cultura de saqueo».
A otro tuitero que alertaba sobre las culturas «no aptas para la democracia», le respondió con la idea central de todo el hilo: «Europa ha confundido compasión con selección. Una sociedad abierta puede incorporar gente de muchas culturas, pero solo si exige respeto a sus reglas».
Las críticas más afiladas llegaron desde el terreno laboral. Un usuario recordó que para recoger fresas o aceitunas «no hace falta mucho talento», y Varsavsky insistió en que, para trabajar, también hacen falta respeto a las normas y ganas de integrarse. Otro fue más lejos y preguntó si iban a venir japoneses a trabajar en los invernaderos de Almería o Huelva por 800 euros al mes y sin contrato. La respuesta: «Si España necesita trabajadores para el campo y la construcción, que los contrate legalmente y les pague de forma transparente». Su propuesta la dejó en otro mensaje: «Entrada clara, homologación rápida, trabajo formal y exigencia de adaptación. Eso sí construye país».
Por qué los japoneses limpian: el o-soji en las escuelas de Japón
Uno de los usuarios apuntó a la clave del asunto: los japoneses limpian el estadio porque desde niños limpian la escuela. Varsavsky coincidió: «La educación es la forma práctica en que una cultura se transmite».
Es cierto. En Japón, cada jornada escolar incluye un periodo de limpieza comunitaria conocido como o-soji, en el que los alumnos barren aulas y pasillos, vacían papeleras, limpian los baños y recogen basura del patio. En muchos centros, cada grupo de estudiantes se turna semanalmente para encargarse de una zona concreta, como el aula, el pasillo, el gimnasio o la entrada.
Pero el o-soji no es una disciplina aislada. Según la profesora Ryoko Tsuneyoshi, de la Universidad de Tokio, la limpieza es solo un elemento dentro de un marco más amplio de aprendizaje colaborativo, que incluye debates en clase, eventos escolares, servir el almuerzo o excursiones con pernocta, y que se agrupa bajo el nombre de tokkatsu. El modelo incluso se exporta: Egipto empezó a incorporar elementos en 2016 y, para 2026, más de dieciocho mil escuelas egipcias lo habían adoptado.
Japón también necesita inmigrantes: récord de residentes extranjeros
El hilo sugiere un Japón culturalmente cerrado y ejemplar. La demografía cuenta otra historia: el país se está quedando sin trabajadores y abre sus puertas como nunca.
Según la Agencia de Servicios de Inmigración, el número de residentes extranjeros a finales de 2025 creció un 9,5 % interanual hasta un récord de 4.125.395, superando por primera vez los cuatro millones. Mientras tanto, el número de ciudadanos japoneses cayó por debajo de los 120 millones por primera vez desde 1984, con unos 1,59 millones de muertes frente a un mínimo histórico de unos 670.000 nacimientos.
Los grupos más numerosos por nacionalidad son China, Vietnam y Corea del Sur, y buena parte de los recién llegados cubre puestos en fábricas, cuidados, construcción o agricultura. Es decir, los mismos sectores que aparecían en las réplicas a Varsavsky.
La otra cara: los becarios extranjeros como mano de obra barata
Aquí aparece una paradoja que conecta directamente con la crítica sobre los invernaderos españoles. Japón lleva décadas sosteniendo sectores enteros con un sistema muy cuestionado: el Programa de Formación de Prácticas Técnicas.
Este programa, con 30 años de historia, nació para transferir conocimientos a países en desarrollo, pero ha servido de tapadera para empresas que buscan importar mano de obra barata mientras la población en edad de trabajar se reduce. A finales de 2025, unos 456.000 aprendices técnicos vivían y trabajaban en Japón. Organizaciones de derechos humanos han llegado a hablar de «estructuras de trabajo esclavo».
El Gobierno ha reconocido el problema. Una reforma de la Ley de Control de Inmigración de junio de 2024 creó el programa de Empleo para el Desarrollo de Habilidades, que sustituirá al anterior y comenzará a funcionar el 1 de abril de 2027. Tras tres años de empleo, se animará a los trabajadores a pasar al estatus de Trabajador Cualificado Específico, que permite quedarse más tiempo en el país. Aun así, persisten dudas de que los problemas se repitan, porque se mantendrán en parte las restricciones para cambiar de empleo.
El giro político en Japón: «Los japoneses primero»
Tampoco es cierto que Japón sea inmune al debate migratorio que sacude Europa. En las elecciones a la Cámara Alta de julio de 2025, el partido Sanseito pasó de dos a 14 escaños bajo el lema «los japoneses primero», oponiéndose a lo que consideraba una aceptación excesiva de extranjeros. Tras su irrupción, otros partidos, incluido el gobernante PLD, empezaron a prometer políticas más estrictas.
La primera ministra Sanae Takaichi ha recogido el guante. Nada más llegar al poder creó una cartera ministerial específica para promover una «sociedad de convivencia ordenada con los extranjeros». En 2026 se ha duplicado de cinco a diez años el requisito de residencia para la naturalización, se han encarecido las tasas de inmigración y se ha endurecido el escrutinio para la residencia permanente.
Analistas del East Asia Forum advierten de que las afirmaciones que alimentan el creciente sentimiento contra los extranjeros en Japón tienen poca base y se nutren de desinformación en redes sociales, y que el país lleva décadas evitando adoptar una política migratoria integral. El Japón real combina lo que Varsavsky admira, una educación cívica que convierte el espacio común en responsabilidad propia, con lo que critica en España: necesidad urgente de mano de obra, programas laborales con abusos documentados y un debate cada vez más polarizado.
¿Quién es Martín Varsavsky?
Nacido en Buenos Aires el 26 de abril de 1960, Martín Varsavsky estudió en la Universidad de Nueva York y en Columbia. Tras vender Viatel, se mudó a España en 1995 y en 1997 fundó Jazz Telecom, bautizada Jazztel por su afición al jazz. En 1999 creó Ya.com para ofrecer contenido de internet en castellano, cuando la mayoría estaba en inglés.
En 2005 lanzó Fon, una red global para compartir wifi respaldada por inversores como Google, Skype y Microsoft. En 2007 cofundó Eolia Renovables y después dio un giro hacia la medicina reproductiva: en 2015 creó Prelude, hoy la mayor cadena de clínicas de fertilidad de Estados Unidos.
Actualmente es consejero delegado de Certuma, una compañía de IA clínica autónoma, y preside Gameto, Inception Fertility (antes Prelude) y Overture Life. A través de la Fundación Varsavsky impulsó proyectos educativos en Latinoamérica como Educ.ar en Argentina y EducarChile. Muy activo en X, suele opinar sobre emprendimiento, tecnología, salud y, cada vez más, sobre política e inmigración.


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