El 2 de noviembre de 2026 el Gobierno japonés ha puesto en marcha la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (Bōsai-chō), el primer organismo de este tipo bajo supervisión directa del Gabinete desde la creación de la Agencia Digital en 2021. La nueva institución actúa como centro de mando para coordinar la preparación, la respuesta inicial, la recuperación y la reconstrucción ante terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y otros desastres. Su objetivo declarado es convertir a Japón en la nación más resiliente del mundo frente a las catástrofes.
Un organismo con más personal y autoridad
La agencia nace de la reorganización de la sección de gestión de desastres de la Oficina del Gabinete. El personal ha aumentado un 60 por ciento, hasta 352 empleados, y se prevén centros regionales que se seleccionarán en el verano de 2027 y abrirán antes de julio de 2028. La primera ministra Sanae Takaichi encabeza formalmente la estructura, mientras que el ministro de Reconstrucción Gōshi Hosono ejerce simultáneamente como ministro de Gestión de Desastres. Hosono ha señalado que existen límites a lo que pueden hacer el Gobierno central y los locales en caso de un desastre masivo, por lo que ha emitido una «solicitud urgente» a la población, los ayuntamientos y los ministerios.
Qué pide la agencia a los hogares
Las recomendaciones principales incluyen fijar los muebles pesados a las paredes para evitar caídas durante un terremoto, revisar la resistencia sísmica de las viviendas más antiguas y confirmar la ubicación de los centros de evacuación y las rutas de acceso. En materia de provisiones, se aconseja almacenar agua y alimentos para un mínimo de tres días y, preferiblemente, para una semana completa. El cálculo habitual es de unos tres litros de agua por persona y día. También se insiste en disponer de retretes portátiles y otros artículos de higiene, porque la restauración de los servicios básicos puede tardar días o semanas.
Hosono ha vinculado estas medidas a los escenarios de riesgo más preocupantes: un mega-terremoto en la fosa de Nankai (con probabilidad estimada del 60 al 90 por ciento antes de 2056), un sismo directamente bajo el área metropolitana de Tokio (alrededor del 70 por ciento en el mismo periodo) y una posible erupción del monte Fuji. La agencia tendrá autoridad para emitir recomendaciones a otros organismos del Gobierno, que deberán respetarlas, aunque no existen sanciones legales automáticas por incumplimiento.
Contexto y retos pendientes
Japón se encuentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico y ha sufrido desastres de gran magnitud, como el terremoto y tsunami de 2011 que dejó cerca de 20.000 muertos y provocó el accidente nuclear de Fukushima. La creación de la agencia responde a la preocupación de que el país no esté suficientemente preparado para un evento de esa escala. El antiguo primer ministro Shigeru Ishiba, impulsor de la idea, ha subrayado la necesidad de un organismo capaz de acumular y transmitir conocimientos y experiencias de gestión de desastres.
Uno de los retos será ampliar el apoyo a municipios con presupuestos limitados y poco acceso a expertos. La agencia también supervisará la respuesta a lluvias torrenciales y erupciones. En la ceremonia de inauguración, Takaichi pidió a los ministerios romper los compartimentos estancos burocráticos para que el nuevo organismo funcione como una «torre de control fuerte». Proteger las vidas y los medios de vida de la población es, según sus palabras, una de las responsabilidades más importantes de la nación.
Los hogares pueden empezar hoy mismo por revisar el anclaje de armarios y neveras, localizar el centro de evacuación más cercano y comprobar las fechas de caducidad de las provisiones que ya tengan. La solicitud de la agencia no anuncia un desastre inminente, sino que busca elevar el nivel de preparación cotidiana ante riesgos que los expertos consideran elevados.


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