El neurólogo argentino habló de longevidad en la radio y puso a Japón como la excepción en un mundo que come de más. Su mensaje: antes de los baños de hielo y los suplementos, hay que construir los cimientos.
Conrado Estol volvió a su columna semanal de los jueves en el programa Bienestar, de la radio El Observador 107.9, con un tema que bautizó «longevidad remixada». En medio de la charla sobre ayuno, alcohol y modas de bienestar, dejó una observación sobre Japón.
Al hablar de los beneficios de ingerir algo menos de calorías de lo habitual, el médico advirtió que esa cantidad «siempre es exagerada, salvo en Japón». La frase resume una idea que la cultura japonesa practica desde hace siglos: levantarse de la mesa sin estar del todo saciado.
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Comer un poco menos
Estol recordó que más de 150 estudios en animales, desde peces hasta grandes mamíferos, muestran que la restricción calórica aumenta la expectativa de vida. En insectos, dijo, puede llegar a duplicarla. Pero pidió cautela: «Nosotros no somos insectos ni animales, hay que probarlo». Por eso no se recomienda de forma generalizada, aunque sí comer algo menos de lo habitual.
El neurólogo enmarcó esa práctica en lo que llamó hormesis: someter al cuerpo a un estrés moderado que lo estimula y lo reconstruye, como ocurre con el sauna o los baños de agua helada. «Hay un límite para todo», aclaró.
Sobre el ayuno intermitente, que técnicamente llamó «ingesta de comida con tiempo restringido», citó un estudio publicado en The New England Journal of Medicine. Allí los participantes comían aproximadamente entre las 7 de la mañana y las 5 de la tarde. Según Estol, bajaron de peso, sobre todo a costa de la grasa, mejoraron la resistencia a la insulina y el funcionamiento de las mitocondrias. Esas estructuras, explicó, regulan la autofagia, el proceso por el que el organismo elimina las células envejecidas o «zombis».
Aun así, insistió en que el ayuno es «un paso más» que debe indicarlo un profesional. Lo primero, dijo, es adoptar una dieta mediterránea.
Hara hachi bu: parar al 80 %
La excepción japonesa que mencionó Estol tiene nombre propio. Hara hachi bu es una enseñanza de origen confuciano que significa, aproximadamente, «llenar el estómago hasta ocho partes de diez»: dejar de comer cuando uno se siente saciado en un 80 %, antes de quedar lleno. La costumbre está especialmente arraigada en Okinawa, el archipiélago del sur de Japón célebre por su número de centenarios.
Los especialistas en nutrición explican que esa pausa da tiempo a que el cerebro reciba las señales de saciedad del estómago, lo que evita calorías innecesarias. En la práctica, funciona como una restricción calórica suave y sostenida, sin contar calorías ni prohibir alimentos. Japón tiene además una de las tasas de obesidad más bajas del mundo: un 3,5 %, según datos oficiales japoneses recogidos por El Tiempo, frente a más del 30 % en Estados Unidos. Es también uno de los países con mayor esperanza de vida.
Eso sí, Estol no es un entusiasta del mito de Okinawa. En enero de 2026 cuestionó el concepto de las llamadas «zonas azules«, entre ellas la isla japonesa. Su postura es que la longevidad no depende de un lugar mágico, sino de hábitos que cualquiera puede adoptar: ejercicio, sueño, alimentación y vida social.
Primero los cimientos, después el jacuzzi
La idea central de Estol fue que la longevidad se ha puesto de moda y que muchos empiezan la casa por el tejado. Ironizó sobre quienes combinan ayuno, baños en agua helada, sábanas con perfume de lavanda y una decena de suplementos. Todo eso puede tener respaldo científico, admitió, pero «no tiene sentido» comprar el jacuzzi «si todavía no hicimos el pozo para poner los cimientos de la casa».
Esos cimientos son el ejercicio para conservar la masa muscular, una buena nutrición («lo que me importa es qué comimos», no cuántas calorías), el sueño, que consideró «subvalorado», los vínculos y el control del estrés crónico. Sobre el sueño pidió regularidad: siete horas por noche y horarios fijos de acostarse y levantarse toda la semana. También advirtió contra la obsesión por medirlo con relojes inteligentes. A partir de los 40 o 50 años, añadió, conviene aumentar el consumo de proteína, sin excederse.
Otros temas que trató:
- Alcohol: a partir de una cantidad muy pequeña hace daño a cualquier edad. Según Estol, las guías de Canadá, el Reino Unido y la OMS ya recomiendan no beber, y las nuevas pautas de Estados Unidos piden limitarlo al mínimo posible. También destacó que los jóvenes de entre 18 y 30 años están reduciendo con fuerza su consumo.
- Sauna: la evidencia más sólida, dijo, viene de Finlandia, donde estudios asocian su uso frecuente a un menor riesgo de muerte cardiovascular, gracias a las llamadas proteínas de choque térmico. Sobre los baños de agua helada, reconoció que los datos no son tan contundentes.
- Redes sociales e inteligencia artificial: recomendó elegir bien a quién se sigue y desconfiar de quien promete milagros con un solo alimento. Para informarse sobre sueño, ejercicio o nutrición, sugirió pedir a la IA que responda como un experto basado en evidencia científica, pero nunca sustituir la consulta médica.
Quién es Conrado Estol
Conrado Estol es un neurólogo argentino especializado en accidentes cerebrovasculares (ACV). Se graduó en Medicina en la Universidad de Buenos Aires en 1982 y completó su formación en Estados Unidos: hizo la residencia de Clínica Médica en hospitales afiliados al Mount Sinai de Nueva York y la de Neurología en la Universidad de Pittsburgh. Luego se especializó en ACV en Boston, en centros vinculados a las universidades de Tufts y Harvard. Pese a tener la ciudadanía estadounidense y una oferta para enseñar en Boston, eligió volver a la Argentina.
Doctor en Medicina por la UBA, suma más de 170 publicaciones científicas. Ha dirigido la Unidad de ACV del Sanatorio Güemes y fundó la empresa de investigación clínica Stat-Research. Es autor del libro A mí no me va a pasar, un manual de prevención centrado en la salud y no en la enfermedad.
Ganó gran visibilidad pública durante la pandemia de covid-19 y hoy es una de las voces más activas en la divulgación sobre longevidad en los medios argentinos y en redes sociales.


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