Jardín Japonés de Buenos Aires: el sorprendente espacio verde dedicado a Japón en el corazón de Palermo

El Jardín Japonés de Buenos Aires actualiza sus precios en 2026: $8.000 para residentes y $24.000 para turistas. Horarios, entrada gratis y consejos.

jardín japones de buenos aires
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El Jardín Japonés de Buenos Aires es el jardín de estilo japonés más grande fuera de Japón y uno de los espacios verdes más visitados de la capital argentina. Ubicado dentro del Parque Tres de Febrero, en el barrio de Palermo, este recinto combina paisajismo tradicional japonés, actividades culturales y gastronomía en un predio que funciona como puente vivo entre la cultura nipona y la porteña.

Su historia arranca en 1967, cuando la comunidad japonesa en Argentina decidió construir un espacio para conmemorar la primera visita de los entonces príncipes herederos Akihito y Michiko al país. En apenas 50 días, la colectividad reunió fondos y levantó el jardín, que fue donado a la Municipalidad de Buenos Aires a través de la Embajada de Japón. Hoy en día, la Fundación Cultural Argentino Japonesa se encarga de su gestión, mantenimiento y programación cultural.

Historia del Jardín Japonés de Buenos Aires

imagen del jardín japonés cuando se inauguró en 1967

El origen del Jardín Japonés está ligado a un acontecimiento diplomático sin precedentes: por primera vez, un miembro de la familia imperial japonesa visitaba Argentina. La noticia generó tanta emoción en la colectividad nipona y sus descendientes que lograron, con esfuerzo colectivo, construir el recinto en tiempo récord. La inauguración tuvo lugar el 17 de mayo de 1967, y el espacio quedó integrado al Parque Tres de Febrero como un símbolo de agradecimiento al pueblo argentino por la acogida a los inmigrantes japoneses.

imagen del jardín japonés cuando se inauguró en 1967

En sus primeros años, el jardín no tenía el estilo zen que lo caracteriza actualmente. La transformación llegó en 1977, cuando el ingeniero paisajista Yasuo Inomata dirigió una remodelación integral que incorporó los elementos clásicos del paisajismo japonés: estanques, puentes simbólicos, faroles de piedra y una cuidada selección botánica. Tras un período de deterioro durante la década de 1980, la Asociación Japonesa en Argentina retomó la administración y amplió el predio con un edificio destinado a actividades culturales.

tapa de clarín de 1967
Tapa de Clarín del día que llegaron los príncipes Akihito y Michiko a la Argentina en 1967

El reconocimiento institucional llegó en dos etapas clave. En 2004, la Subsecretaría de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró sitio de interés turístico. Cuatro años después, el Decreto 652/2008 de la Presidencia de la Nación lo declaró «Bien de Interés Histórico Artístico Nacional», destacando su biodiversidad (más de 37 géneros de árboles, arbustos y plantas), sus elementos arquitectónicos tradicionales y su relevancia como exponente de la diversidad cultural en la capital. En 2009, la Legislatura porteña sancionó la Ley 3.308, que reguló la continuidad de la gestión por parte de la Fundación Cultural Argentino Japonesa por 20 años más.

Qué ver en el Jardín Japonés de Buenos Aires

mapa del jardin japones

El recorrido por el Jardín Japonés es una inmersión sensorial que combina vegetación, agua, piedra y arquitectura. El predio alberga más de 37 géneros de árboles, arbustos y plantas, incluyendo el característico sakura (cerezo japonés) y el arce japonés (acer palmatum). En primavera y verano, las 5.500 azaleas plantadas en los últimos años aportan una explosión de color que contrasta con el verde dominante del paisaje. En otoño, los ginkgo biloba tiñen el entorno de dorado, y en invierno la floración de los cerezos ofrece una postal inesperada.

Los puentes son uno de los elementos más fotografiados y cada uno carga un significado simbólico. El Puente de Dios (Taiko Bashi), con su pronunciada curvatura, representa el camino al paraíso. El Puente Truncado conduce a la isla de los remedios milagrosos. Y el Puente Zig Zag, conocido popularmente como el puente de las decisiones, simboliza las encrucijadas de la vida. Recorrerlos en orden forma parte de la experiencia contemplativa que propone el jardín.

jardin japonés de buenos aires

Los estanques con peces koi de colores vibrantes (rojo, blanco y dorado) son otro punto central del recorrido. Dentro del recinto se vende comida específica para alimentar a los koi, lo que permite a los visitantes interactuar directamente con estos animales, símbolos de perseverancia y buena fortuna en la cultura japonesa. Los faroles de piedra (tōrō) iluminan los caminos y completan la atmósfera, especialmente al atardecer. El jardín también cuenta con cascadas integradas, un vivero, un edificio cultural con exposiciones permanentes (kimonos, pintura, origami, vajilla japonesa), un restaurante japonés y una tienda donde es posible conseguir el nombre propio escrito en japonés.

Actividades y eventos culturales en el Jardín Japonés de Buenos Aires

jardin japones de buenos aires

El Jardín Japonés funciona como un auténtico centro de difusión de la cultura japonesa, con una agenda mensual que incluye talleres, demostraciones y eventos para todas las edades. Entre las propuestas regulares se encuentran los talleres de ikebana (arreglo floral japonés), bonsái, origami, shodo (caligrafía japonesa) y kiri-e (recorte en papel). Cada uno de estos talleres enseña no solo la técnica, sino también la filosofía detrás de la práctica.

En el ámbito de las artes marciales, el jardín ofrece clases de aikido, judo y karate, así como sesiones de taiko (percusión japonesa). Las técnicas de bienestar también tienen su espacio con reiki, shiatsu y reflexología podal. Para quienes buscan una experiencia más inmersiva, las auténticas ceremonias del té (chanoyu) guiadas por un maestro del té son una de las actividades más valoradas.

Entre los eventos estacionales más destacados se encuentran el Hanami (observación de las flores de cerezo, que en Buenos Aires tiene lugar en invierno, entre julio y agosto) y el Hi Matsuri (Festival del Fuego), una ceremonia simbólica para dejar atrás las energías negativas y renovar el espíritu. A lo largo del año también se celebran festivales que combinan música, danza, gastronomía y artesanía japonesa.

¿Cuánto cuesta la entrada al Jardín Japonés de Buenos Aires? (precios 2026)

Los precios del Jardín Japonés se actualizan periódicamente debido a la inflación. A septiembre de 2026, los valores vigentes más recientes son:

Entrada general para residentes argentinos: $8.000 (es obligatorio presentar DNI, sin excepción).

Entrada para no residentes (turistas extranjeros): $24.000.

Las entradas se adquieren únicamente en la puerta del Jardín Japonés. Para consultas, se puede enviar un mensaje por WhatsApp al 1122572130 (solo mensajes).

Ingresan gratis:

Menores de 12 años, presentando DNI y acompañados por un adulto (sin excepción). Argentinos y residentes permanentes mayores de 65 años, presentando DNI (sin excepción). Personas con discapacidad, presentando el Certificado Único de Discapacidad (CUD). También ingresa gratis el acompañante que figure en el certificado.

Día de entrada gratis: Por la Ley 3.308 de la Ciudad de Buenos Aires, la Fundación Cultural Argentino Japonesa no cobra entrada un día a la semana y un día del tercer fin de semana de cada mes (solo para residentes argentinos, presentando DNI). Es recomendable consultar en la web oficial o en las redes sociales del jardín qué día corresponde cada semana.

Reglamento del Jardín Japonés: está prohibido ingresar con bebidas alcohólicas, usar altavoces y fumar en todo el predio (espacio 100 % libre de humo). No se permite el ingreso de mascotas, salvo animales de asistencia.

Consejos para visitantes del Jardín Japonés de Buenos Aires

El Jardín Japonés abre todos los días del año, incluidos sábados, domingos y feriados, en un horario de 10:00 a 18:45 horas. No cierra por lluvia. El ingreso principal se realiza por Avenida Casares 3500 (entre Av. Berro y Av. del Libertador). Un recorrido tranquilo lleva entre 40 y 60 minutos, aunque quienes quieran disfrutar de los talleres o el restaurante pueden extender la visita a dos horas o más.

Los mejores meses para visitar el jardín son la primavera (septiembre a noviembre) y el otoño (marzo a mayo), cuando el clima es templado y la vegetación luce en todo su esplendor. En verano, conviene evitar las horas centrales del día y llegar temprano a las 10:00 o después de las 16:30, cuando la luz es más favorable para las fotos y la temperatura más llevadera. En invierno, entre julio y agosto, los cerezos florecen y ofrecen una experiencia que evoca el hanami japonés.

Los sábados a las 11:00 se realizan visitas guiadas gratuitas de aproximadamente 40 minutos, ideales para conocer la simbología de los puentes, la historia de los peces koi y los detalles menos visibles del jardín. Es recomendable llevar agua (está permitido), protector solar y calzado cómodo. No está permitido realizar picnics, pero se puede comer en el restaurante japonés del predio o en las tiendas de gastronomía del recinto.

Cómo llegar: en colectivo, las líneas 10, 15, 37, 59, 60, 67, 93, 95, 102, 108, 110, 118, 128, 130, 160 y 188 tienen paradas cercanas. En subte, la estación más próxima es Plaza Italia (Línea D), a unos 20-25 minutos a pie. Desde allí se puede tomar el colectivo 67 hasta Plaza Alemania (3 minutos a pie del jardín) o el 37 hasta Av. Casares al 3400.

El restaurante del Jardín Japonés de Buenos Aires

Jardín Japonés de Buenos Aires

El restaurante dentro del recinto ofrece un menú que recorre los clásicos de la gastronomía japonesa con toques locales. Entre las entradas destacan las gyozas (empanadillas rellenas de cerdo cocidas al vapor y a la plancha), el harumaki (rollito frito de carne y verduras) y el ebi furai (langostinos patagónicos rebozados con panko). La carta de sushi combina opciones creativas y tradicionales, con nigiri, sashimi y rolls como el «Sakura» (langostino patagónico con tamagoyaki flambeado) o el «Botan» (salmón salteado con sake y furikake).

Los platos calientes incluyen katsudon (milanesa de cerdo sobre arroz con huevo), yakisoba de mariscos y tempura de verduras. También hay opciones vegetarianas como el poke bowl. El restaurante dispone de estacionamiento gratuito y descubierto para sus comensales (no para visitantes del parque), con acceso por Av. Casares y Av. del Libertador, sujeto a disponibilidad.

peces koi en el jardín japonés de buenos aires

El decreto 652/2008 que declara al Jardín Japonés de Buenos Aires como Bien de Interés Histórico Artístico Nacional

El emperador Akihito y la emperatriz Michiko visitaron la Argentina en 1997

La norma que declaró al Jardín Japonés como Bien de Interés Histórico Artístico Nacional es el Decreto 652/2008, emitido por la Presidencia de la Nación Argentina el 16 de abril de 2008. Este decreto destaca varios aspectos del Jardín que justifican su valor histórico y artístico:

  • Simbiosis de arte y paisaje natural: El decreto resalta la tradicional combinación de arte y naturaleza presente en el Jardín Japonés, característica de la cultura japonesa. El jardín invita a las personas a conectar con la naturaleza y encontrar un equilibrio con ella, en un contexto de funcionalidad y estética propias del estilo japonés.
  • Valores nativos y tradiciones culturales: Se menciona que la jardinería aplicada en el Jardín Japonés refleja valores nativos, tradiciones culturales y principios religiosos provenientes del budismo zen y el sintoísmo.
  • Exponente de la diversidad cultural: El decreto reconoce al Jardín Japonés como un ejemplo singular de la diversidad cultural presente en la capital argentina.
  • Biodiversidad y exotismo: Se hace hincapié en la variedad de especies presentes en el jardín, contabilizando 37 géneros de árboles, arbustos y plantas de gran belleza y exotismo, muchos de ellos originarios de Japón.
  • Elementos tradicionales japoneses: Se destacan la presencia de puentes, senderos, un sistema de cuevas subacuáticas con peces koi y diversos monumentos escultóricos propios de la tradición japonesa.
  • Relevancia histórica: El decreto menciona la visita de los emperadores de Japón al Jardín en 1997, lo cual subraya su importancia como símbolo de la relación entre ambos países.
  • Reconocimiento previo como sitio de interés turístico: Se menciona que el Jardín ya había sido declarado sitio de interés turístico por la Subsecretaría de Turismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Cuáles son los otros Jardines Japoneses que hay en el mundo

Los jardines japoneses se han convertido en espacios de paz y armonía en todo el mundo, ofreciendo un rincón de Japón en diferentes culturas. Además del conocido Jardín Japonés de Buenos Aires, hay otros jardines impresionantes que mantienen viva la tradición de la jardinería japonesa fuera de su país de origen.

Portland Japanese Garden

En Portland, Oregón, se encuentra uno de los jardines japoneses más famosos fuera de Japón. El Portland Japanese Garden es conocido por su fiel representación de los principios tradicionales del diseño japonés, con sus cuidadosos paisajes, caminos de piedra y un pabellón de té que invita a la contemplación. El jardín cuenta con cinco estilos diferentes de jardines, incluyendo un jardín de paseo y un jardín de arena y piedra, que evocan la serenidad del entorno natural japonés.

Jardín Japonés de Seattle

Otro ejemplo notable es el Jardín Japonés de Seattle, ubicado en el parque Washington. Es uno de los primeros jardines japoneses construidos en la costa oeste de Estados Unidos y fue diseñado por expertos japoneses en la década de 1960. Sus características incluyen un estanque central con carpas koi, un puente arqueado tradicional y un pabellón de estilo japonés. En primavera, el jardín es especialmente hermoso con la floración de los cerezos.

Kyoto Garden

En Londres, el Kyoto Garden del parque Holland es un oasis de tranquilidad en medio de la ciudad. Creado en 1991, este jardín fue un regalo de la Cámara de Comercio de Kioto y presenta cascadas, estanques con carpas y una variedad de plantas típicas de los jardines japoneses. A pesar de su pequeño tamaño, el Kyoto Garden captura la esencia del paisaje japonés en un rincón del bullicioso Londres.

Jardín Botánico de Montreal,

El Jardín Botánico de Montreal, en Canadá, alberga un jardín japonés que destaca por su autenticidad y por ser uno de los más completos de América del Norte. Con una gran colección de bonsáis y una casa de té tradicional, el jardín se convierte en un espacio ideal para disfrutar de las temporadas de sakura en primavera y el cambio de color del follaje en otoño.

Jardín Japonés del Parque de la Paloma

En España, el Jardín Japonés del Parque de la Paloma en Benalmádena, Málaga, es un ejemplo más reciente de la influencia de la cultura japonesa. Este jardín, aunque más pequeño que otros, destaca por sus detalles en la disposición de rocas, estanques y un paisaje que evoca la calma de los jardines nipones.

Estos jardines son un testimonio del aprecio global por la estética japonesa, con cada uno de ellos ofreciendo una experiencia única de la cultura y la naturaleza de Japón, adaptada al entorno local pero manteniendo la esencia original.

Historia de los jardines japoneses

La evolución de los jardines en Japón es un reflejo profundo de la interacción entre el hombre y la naturaleza, una tradición que ha trascendido épocas y estilos para convertirse en una manifestación artística y espiritual única. A lo largo de la historia, estos espacios han servido tanto para el deleite estético como para la meditación y el ritual, evidenciando la riqueza cultural de un país que ha sabido transformar la naturaleza en un lienzo viviente.

Períodos Nara y Heian

Durante los períodos Nara (710-794) y Heian (794-1185), los jardines japoneses comenzaron a tomar forma bajo la influencia de las tradiciones chinas y la espiritualidad budista. En estos primeros tiempos, la naturaleza se organizaba en espacios controlados que reflejaban la búsqueda de la armonía y el orden. Los jardines de templos y residencias imperiales se caracterizaban por la simetría, el uso meditado de elementos como rocas, agua y vegetación, y por el diseño de espacios destinados a la contemplación. Esta etapa sentó las bases de una estética que, a lo largo de los siglos, evolucionaría hacia composiciones cada vez más refinadas y simbólicas.

Períodos Kamakura y Muromachi

karesansui

Con la llegada del período Kamakura (1185-1333) y su continuación en la era Muromachi (1336-1573), la influencia del budismo Zen transformó profundamente el diseño de los jardines. En esta etapa se consolida la práctica de crear jardines secos o karesansui, donde la ausencia de agua real se sustituye por patrones de arena y la disposición estratégica de rocas para evocar paisajes naturales de forma abstracta. Estos espacios minimalistas invitaban a la meditación y a la introspección, convirtiéndose en auténticos refugios espirituales. La simplicidad y la sobriedad de los jardines zen reflejaban la filosofía del desapego y la búsqueda de la iluminación, dejando una huella imborrable en la tradición del paisajismo japonés.

Período Azuchi-Momoyama

El Período Azuchi-Momoyama (1573-1603) marcó una fase de transición en la que el arte del jardín comenzó a integrarse con otras manifestaciones culturales, como la ceremonia del té. Durante esta época, los jardines se hicieron más exuberantes y se prestó mayor atención a los detalles ornamentales y a la creación de ambientes que favorecieran la reunión y el diálogo. La influencia de la cultura del té impulsó el diseño de espacios que combinaban la belleza natural con elementos arquitectónicos y decorativos, resaltando la importancia de la estética y la elegancia. Así, los jardines no solo eran escenarios para la contemplación, sino también espacios de encuentro y celebración, reflejando la sofisticación de una sociedad en transformación.

Período Edo

En el Período Edo (1603-1868), Japón vivió una era de estabilidad y prosperidad que propició el florecimiento de las artes y la cultura popular. Los jardines se diversificaron, abarcando desde los recintos privados de la aristocracia hasta los jardines públicos que adornaban las emergentes ciudades. Fue en esta época cuando se popularizó el concepto de jardines de paseo, o kaiyu-shiki teien, diseñados para ofrecer a los visitantes un recorrido que revelaba gradualmente diferentes escenas y paisajes cuidadosamente compuestos. La mezcla de elementos tradicionales con innovaciones adaptadas a la vida urbana permitió que el jardín se convirtiera en un espacio accesible para todos, simbolizando el equilibrio entre la tradición y la modernidad en una sociedad en constante cambio.

Período Meiji a la actualidad

Con la Restauración Meiji (1868) y la apertura de Japón al mundo, los jardines japoneses comenzaron a incorporar influencias occidentales y a experimentar con nuevas técnicas y materiales. Sin embargo, a pesar de los cambios y la modernización, la esencia de estos espacios —la búsqueda de la armonía, la belleza y la introspección— se mantuvo intacta. Durante el siglo XX y hasta la actualidad, los jardines japoneses han continuado evolucionando, combinando tradición e innovación para crear lugares que son a la vez refugios de paz y manifestaciones culturales. Hoy en día, tanto en Japón como en el extranjero, estos jardines son valorados por su capacidad para evocar serenidad, ofrecer espacios de reflexión y conectar a las personas con la riqueza de una tradición milenaria.

Elementos comunes de los jardines japoneses

Jardín Japonés de Buenos Aires

La esencia de los jardines japoneses reside en la meticulosa integración de elementos naturales y simbólicos que, en conjunto, crean espacios de armonía, introspección y belleza. Cada componente ha sido cuidadosamente seleccionado a lo largo de la historia para evocar sensaciones y valores culturales profundos. A continuación, se exploran algunos de los elementos más comunes en estos jardines, que han trascendido el tiempo y las modas para seguir inspirando a quienes los visitan.

Plantas

En los jardines japoneses, las plantas juegan un rol fundamental, no solo como decoración, sino también como portadoras de significados simbólicos. Se seleccionan especies que cambian con las estaciones, como el sakura (flor de cerezo) en primavera o el arce en otoño, para reflejar la transitoriedad y la belleza efímera de la vida. La disposición de la vegetación busca crear un ambiente natural y sereno, invitando a la contemplación y al equilibrio entre el hombre y la naturaleza.

Agua

El agua es uno de los elementos esenciales y simbólicos en estos jardines. Presente en forma de estanques, arroyos o cascadas, su flujo constante simboliza la vida, el paso del tiempo y la renovación. Además, el reflejo del agua en las superficies lisas amplifica la belleza del entorno, ofreciendo una experiencia sensorial que conecta lo visual con lo espiritual. El sonido suave del agua añade una dimensión auditiva que complementa la atmósfera de calma y meditación.

Rocas y arena

Las rocas y la arena son componentes clave, especialmente en los jardines secos (karesansui), que representan montañas, islas y cursos de agua de manera abstracta. La colocación estratégica de las rocas sugiere la presencia de paisajes naturales, mientras que la arena, meticulosamente rastrillada, imita el flujo del agua. Este enfoque minimalista refleja la filosofía del budismo Zen, invitando a la reflexión y al desapego de lo superfluo para alcanzar una mayor claridad mental.

Peces

La inclusión de peces, en particular las carpas koi, es común en los estanques de los jardines japoneses. Estos peces, reconocidos por sus vivos colores y su gracia al nadar, simbolizan la perseverancia, la buena fortuna y la transformación. Su presencia añade dinamismo y vitalidad al entorno, creando un contraste armónico con la quietud del agua y complementando el equilibrio natural del paisaje.

Islote en un estanque

Un islote en un estanque se utiliza para introducir un elemento focal que rompe la monotonía del paisaje acuático. Representando, en ocasiones, montañas o refugios, estos islotes se convierten en puntos de meditación y observación. Su diseño y ubicación están pensados para guiar la mirada del visitante, enfatizando la idea de un universo en miniatura donde cada detalle contribuye a la totalidad del entorno.

Puente

El puente en un jardín japonés es mucho más que un simple elemento funcional. Su presencia simboliza el tránsito entre diferentes estados o espacios, conectando áreas del jardín y, a nivel metafórico, lo terrenal con lo espiritual. Los puentes, con sus formas elegantes y estructuras sencillas, invitan a la reflexión sobre el camino de la vida, integrándose de manera natural con el entorno y complementando la narrativa visual del paisaje.

Lámpara tradicional

Las lámparas tradicionales, comúnmente elaboradas en piedra o metal, iluminan el jardín de forma sutil y evocadora. Estos faroles no solo cumplen una función práctica, proporcionando luz en la oscuridad, sino que también resaltan la belleza y los contornos de los elementos naturales circundantes. Su diseño sobrio y refinado evoca la serenidad y la armonía, elementos esenciales en la experiencia estética y espiritual de los jardines japoneses.

Casa de té

La casa de té es un elemento central en muchos jardines japoneses, reflejando la importancia de la ceremonia del té en la cultura nipona. Este espacio, modesto y acogedor, es un refugio para la meditación, el diálogo y la apreciación de la simplicidad. Integrada en el paisaje, la casa de té invita a los visitantes a desconectar del bullicio exterior y a sumergirse en un ambiente de paz y contemplación, resaltando la conexión entre la naturaleza y el arte de vivir.

Caminos y montículos de tierra

Los caminos y montículos de tierra guían la circulación dentro del jardín, marcando rutas que revelan progresivamente paisajes y perspectivas diferentes. Estos senderos, cuidadosamente diseñados, invitan al visitante a recorrer el espacio con una atención casi ritual, descubriendo sorpresas en cada recodo. Asimismo, los montículos de tierra aportan relieve y profundidad, creando una topografía que simula colinas y valles, y que refuerza la sensación de inmersión en un entorno natural y equilibrado.

La conjunción de estos elementos transforma cada jardín japonés en un microcosmos de belleza y significado. La armoniosa fusión de la naturaleza, la cultura y la espiritualidad convierte estos espacios en verdaderos refugios para el alma, donde cada detalle cuenta una historia y cada rincón invita a la reflexión. En un mundo en constante cambio, los jardines japoneses permanecen como testimonio vivo de una tradición que celebra la conexión profunda entre el ser humano y su entorno.

Preguntas frecuentes

¿Dónde queda exactamente el Jardín Japonés de Buenos Aires?

Se encuentra en el barrio de Palermo, dentro del Parque Tres de Febrero. La dirección de ingreso es Avenida Casares 3500, entre Av. Berro y Av. del Libertador. Está rodeado de otros puntos de interés como el Rosedal, el Ecoparque y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).

¿El Jardín Japonés tiene algún día de entrada gratis?

Sí. Por la Ley 3.308 de la Ciudad de Buenos Aires, el Jardín Japonés ofrece un día de entrada gratuita a la semana y un día del tercer fin de semana de cada mes, exclusivamente para residentes argentinos con DNI. El día concreto puede variar, por lo que conviene consultarlo en las redes sociales oficiales o en la web del jardín antes de ir.

¿Se pueden llevar mascotas al Jardín Japonés?

No. Las mascotas no pueden ingresar al Jardín Japonés porque el predio alberga un ecosistema delicado con peces koi, plantas y aves que podrían verse afectados. Sin embargo, el Parque Tres de Febrero que rodea al jardín ofrece amplios espacios verdes donde pasear con perros.

¿Cuánto tiempo se necesita para recorrer el Jardín Japonés?

Un recorrido tranquilo lleva entre 40 y 60 minutos. Si se combinan los talleres, la visita guiada (sábados a las 11:00) y una parada en el restaurante, la visita puede extenderse a dos horas o más.

¿Es el mismo lugar el Parque Japonés y el Jardín Japonés?

No. El Parque Japonés fue un recinto de entretenimiento y atracciones que existió en Buenos Aires hasta la década de 1930 y desapareció tras un incendio. El Jardín Japonés actual, ubicado en el Parque Tres de Febrero de Palermo, se inauguró en 1967 y no tiene relación con aquel espacio.


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