Vivir una larga estadía en Japón puede ser retador para los turistas: los pequeños roces de la vida diaria pueden llegar a abrumar. Sin embargo, muchas personas descubren que más allá de las complicaciones cotidianas, este país ejerce una profunda fascinación que inspira a millones de personas a quedarse muchos meses o trabajar como nómades digitales. La cultura, la gente y hasta los más mínimos detalles logran equilibrar los momentos difíciles con placeres simples y genuinos.
Por eso, esta es una lista de una serie de experiencias y razones hacen que muchas personas amen a Japón, más allá de las críticas que puede tener este país como cualquier otro. Estas son solo algunas de las cosas más destacadas que llaman la atención de los extranjeros, pero no es una lista definitiva.
Índice de contenidos
Apreciar la belleza del hanami (temporada de los cerezos en flor)

¿Sabías que Washington D. C. tiene cerezos que florecen al mismo tiempo que los de Japón? Para muchos estadounidenses, los cerezos son algo aburrido. Sin embargo en Japón el Hanami es toda una celebración de lo efímero.
No puedes dejar de pasear por un parque en primavera y dejarte de maravillar por estos magníficos árboles.
Descubrir sabores de Kit-Kat que no sabían que existían

Kit-Kat en Japón tiene su vida propia. Siempre que vayas a un konbini (tienda de conveniencia) vas a encontrar una nueva versión de Kit-Kat. Visitar nuevas ciudades solía incluir la posibilidad de descubrir un Kit-Kat distinto, ya sea uno regional —asociado a cada prefectura— o uno estacional, que varía según la época del año en todo el país. Uno de los más populares en la actualidad es el sabor de maracuyá.
Otros sabores populares son el Kit-kat de ron con pasas, pero también hay dos tipos de matcha, sakura, sakura-matcha, tarta de queso con arándanos, calabaza, salsa de soja, canela, boniato, fresa, pudin, cítricos picantes, “panqueque”, naranja y mochi en polvo. Uno de los favoritos más inesperados: el boniato.
Disfrutar del silencio después del atardecer
En las ciudades pequeñas suena una sirena a las 6 p. m., y los niños se van a casa. Entonces, la noche se vuelve silenciosa. A menos que sea verano y estemos en plena temporada de cigarras, casi no se oye nada en los vecindarios, salvo el ocasional tintineo lejano del cruce del metro.
Los perros más educados del mundo

En Japón los perros son distintos al resto de mundo. Es difícil explicarlo. El Shiba-Inu, en especial, es un perro educado: lo suficientemente pequeño para considerarlo tierno, pero con el porte suficiente para que sea un perro “de verdad”. Es normal que los dueños pasen días antes de ponerle un nombre a su perro, por lo que simplemente le dicen Inu (perro) hasta que encuentran el kanji apropiado.
Si viajas a Japón vas a encontrarte con muchos perros que te miran con la boca cerrada, muy serios, como quien está en lo suyo. Ni ladran ni corren hacia las personas, pero tampoco te amenazan ni huyen. Solo te echan un vistazo y, más de uno, creen que lo saluda con una reverencia.
Maravillarse con los trenes y la red ferroviaria

Los trenes son maravillosos: silenciosos y convenientes. En pocos minutos te pueden llevar a cualquier parte de la ciudad. Y en unas horas te va a llevar a otra ciudad. Vivir cerca de una estación de trenes está muy valorado en Japón, a diferencia de otros países en donde las estaciones de trenes suelen ser lugares bastante sucios o poco convenientes. Si vas a alojarte como turista en Japón, elige siempre que tenga una estación de trenes cerca.
La belleza de cualquiera de sus parques públicos

Japón tiene varios de los parques públicos más bellos del mundo. Todo gratuito. Es normal encontrarse con un parque con un lago, un santuario sintoísta, un campo de béisbol, un gimnasio público y un jardín de esculturas. Todo gratuito, todo a disposición de los que quieren pasear o hacer deporte. Cuando Japón aplica urbanismo, lo hace de manera impecable, aunque por supuesto tiene mucho que ver con el enorme presupuesto que se destina a estas áreas.
Los restaurantes temáticos más locos del mundo
En Japón puedes cenar en un “aula de primaria” completa con pizarra y examen sorpresa, o ser “encerrado” en una celda de prisión. También hay un lugar que simula una tienda mongol (y te dan un disfraz), un bar temático de los años 80, otro ambientado en los 40 y así sucesivamente. Hay buffets de pizza ilimitada y sitios donde te dan aceite hirviendo en la mesa para que frías tu propia comida.
Estas experiencias gastronómicas son tan extravagantes que muchas veces eclipsan otro punto clave: la comida suele ser excelente y la atmósfera de la mayoría de restaurantes es tan atractiva que es muy fácil gastarse el dinero cada fin de semana. Luz tenue y un ambiente romántico parecen ser la norma.
Nomihodai, o beber sin parar
¿Te gusta la barra libre? En Japón puedes pagar alrededor de 30 dólares y bebes todo lo que puedas durante 2 o 3 horas. En ocasiones, te sirven jarras de ginebra con tónica. Una noche típica puede empezar con dos horas de nomihodai y luego continuar en un karaoke, donde también se incluye un nomihodai en el costo de la sala. Es una vía rápida hacia una mañana de resaca miserable.
Karaoke, el arte de cantar sin vergüenza
Los reservados privados son la mejor opción. En vez de soportar a un montón de desconocidos borrachos, te encierras con tus propios amigos borrachos. El karaoke crea una conexión muy especial, algo que es difícil de explicar para los extranjeros. Sentarte con tu grupo y cantar a todo pulmón, sin pudor alguno, forja un tipo de cercanía que es difícil de encontrar en otras actividades. Es por eso que suele ser una gran salida con amigos o con compañeros de trabajo.
Okonomiyaki, el plato que sorprende al mundo

El okonomiyaki sobrepasa cualquier otro plato japonés. Es una masa salada con trozos de cerdo, camarón y col, cubierta con salsa barbacoa. Y la versión “modan” se culmina con fideos. Las formas más tradicionales se encuentran en Hiroshima u Osaka.
Santuario Dazaifu Tenmangu

Este santuario, dedicado al espíritu del conocimiento, es lugar de peregrinación para estudiantes antes de los principales exámenes de ingreso. Además, es un templo bellísimo y sorprendente, ubicado en un pueblo antiguo que evoca la esencia de Kioto en la región de Kyushu. Aquí, los ciruelos en flor superan en belleza a los cerezos.
Durante la ceremonia de equinoccio de invierno en este santuario, las mujeres con ropas tradicionales rastrillan la arena formando círculos mientras unos músicos tocaban en vivo para un público de apenas veinte personas.
Supersticiones en todos lados

En relación con los santuarios, hay innumerables amuletos de la buena suerte, predicciones y supersticiones que seguir. Cualquier persona que viaje a Japón se va a encontrar con miles de estos amuletos en cualquiera de los templos. Puedes comprar omamori para la suerte o un maneki-neko para llevara tu casa.
Además, las personas tratan de elegir cuidadosamente el nombre de su hijo o hija para evitar caer en nombres con significados sombríos u oscuros.
Kioto, el lado más tradicional de Japón

A pesar de ser un destino con millones de turistas cada año y que está algo saturado, Kioto sigue siendo uno de los lugares que hay que visitar para conocer un poco más al Japón tradicional.
Bares en un tercer piso, lejos de las miradas
Las leyes sobre bebidas en la vía pública en Japón son bastante flexibles, lo que permite que cualquiera abra un “bar” en casi cualquier lugar público, siempre que no cause molestias o altere el orden. Aunque la ley nacional no prohíbe beber en la calle, existen ordenanzas locales en zonas turísticas o concurridas —como Shibuya o Shinjuku— que restringen el consumo de alcohol en ciertos horarios y espacios, especialmente en fechas con gran afluencia de personas.
Es por eso que es normal ver bares en un tercer piso o en lugares poco convencionales: la cultura japonesa valora la discreción y el respeto, por lo que los establecimientos y los clientes suelen adaptarse a las normas y mantener el orden. Además, la confianza en la responsabilidad individual hace que estas regulaciones sean más flexibles que en muchos otros países, siempre y cuando no se generen problemas ni disturbios.
Purikura, los filtros fotográficos más exagerados

Muchos turistas se cansan rápido de las cabinas fotográficas de calcomanías con filtros exagerados. Los purikura son algo fabuloso. Todo lo que sale de ahí es una rara obra maestra de la instantánea, como si entraras a una cámara fotográfica gigante de juguete. Puedes cambiar tucolor de pelo y terminar con unos ojos enormes en las fotos.
Village Vanguard

Village Vanguard es básicamente una tienda de regalos estrafalaria. Está repleta de libros raros, juguetes extraños, mercancía de videojuegos, inventos curiosos y productos de anime, música y cultura pop japonesa, lo que la convierte en un referente de la excentricidad y la creatividad nipona.
Casi todo lo que la gente imagina al pensar en la “loca cultura pop japonesa” cabe en Village Vanguard (y en ciertos pisos de Loft). Sus estanterías albergan desde photobooks de ídols hasta camisetas llamativas, dulces gigantes, artículos retro y merchandising de Studio Ghibli, lo que la convierte en un paraíso para coleccionistas y amantes de lo diferente
Cuando un «enorme pez» te saluda

De vez en cuando, te topas con alguien disfrazado de una enorme mascota publicitaria. No es que crea que el pez gigante en verdad está ahí de manera sobrenatural, pero el disfraz es tan realista que mi imaginación lo ve más como un bicho raro que como un ser humano sudando dentro de una caja de cartón. Además, casi nunca entiendo las marcas que están publicitando.
No dejar propina en Japón
En Japón, no se acostumbra dejar propina porque la excelencia en el servicio se considera parte natural de la experiencia y no requiere de compensaciones extras. Esta práctica se alinea con el concepto de omotenashi, que promueve la hospitalidad sincera sin esperar algo a cambio, de modo que si uno intenta dar una propina, esta podría ser rechazada cortésmente por el personal del establecimiento.
Kaitenzushi, comer hasta que te llenes y por poco dinero

En el lado opuesto al servicio atento está la ausencia completa de personal. El sushi que va dando vueltas en una cinta transportadora es algo espectacular para los que quieren saciar su hambre de forma rápida. Te sientas y coges el plato que te apetezca, a veces por tan solo 100 yenes.
Caminar sin necesidad de preocuparte
Incluso cuando tomas el tren, vas a terminar caminando mucho. Andar a pie es algo habitual en Japón. También es la mejor forma de conocer la esencia de un lugar. El metro, en cambio, te “desconecta” de los barrios y sus transiciones. Caminar te permite descubrir dónde acaba un distrito y empieza otro. También encuentras a personas en chándal fumando mientras rocían con una manguera a sus perros.
Curiosidad
Mil cosas extrañas suceden a diario en Japón. Cada puerta de un restaurante tenebrosamente iluminado esconde un lugar maravilloso; puentes que dan miedo y se hacen virales hasta cada festival o espectáculo musical extraño suele resultar entretenido. Aquí, incluso en los restaurantes de comida rápida puedes llevarte sorpresas.
Entrega de paquetes
Aquí puedes hacer pedidos por internet y pagarle al cartero en el momento de la entrega, opción que en otros países existe pero casi nadie usa. Este sistema es muy común en Japón y refleja la confianza en el servicio postal y en los repartidores, quienes suelen ser puntuales y respetuosos con los clientes, además de permitir pagos en efectivo, tarjeta o incluso transferencia bancaria directa al recibir el paquete.
Incluso puedes programar la entrega hablando directamente con el repartidor por teléfono, o pedir que dejen tu paquete en un konbini cercano para recogerlo más tarde. Esta flexibilidad y el alto nivel de servicio hacen que la experiencia de recibir compras online en Japón sea muy cómoda y segura, ya que los paquetes pueden ser redirigidos según tus necesidades y horarios.
Konbini, las mejores tiendas de conveniencia del mundo

Los konbini (abreviatura japonesa de “convenience store”) son tiendas de conveniencia que pueden encontrarse en prácticamente cualquier rincón de Japón. Estos establecimientos, abiertos las 24 horas, destacan por ofrecer una variedad impresionante de productos y servicios en espacios relativamente pequeños. En ellos es posible comprar comidas preparadas como onigiri, bentōs y sándwiches, así como bebidas, snacks, artículos de papelería, revistas, productos de higiene y hasta ropa interior de emergencia. Además, muchos konbini cuentan con cajeros automáticos, servicios de envío de paquetería, fotocopiadoras y quioscos de boletos para conciertos o eventos deportivos. Gracias a esta gama de opciones, se han convertido en un elemento esencial del día a día de los japoneses, que confían en su accesibilidad y rapidez para solventar diversas necesidades cotidianas.
Más allá de su aspecto meramente comercial, los konbini han arraigado en la cultura japonesa como un símbolo de eficiencia y practicidad. Debido a la rapidez con la que la sociedad se mueve en las áreas urbanas, estos establecimientos ofrecen un refugio para quienes tienen poco tiempo libre y necesitan una solución inmediata, ya sea para comer algo rápido o realizar pagos de servicios sin mayores complicaciones. Asimismo, la atención esmerada y cortés del personal, alineada con el espíritu de omotenashi (hospitalidad japonesa), potencia la experiencia de compra y convierte al konbini en un espacio cómodo y acogedor para toda clase de clientes.
Escuchar el sonido de las cigarras
El canto de un insecto del tamaño de un colibrí como las cigarras es muy normal en el verano. Este incesante zumbido se apropia del ambiente y se convierte en una de las señales más distintivas de la temporada, presente tanto en ciudades como en zonas rurales. Las cigarras, conocidas como semi en japonés, producen su característico sonido gracias a los timbales en su abdomen, que vibran rápidamente y crean ese ambiente sonoro que define el verano japonés.
Además de las cigarras, en Japón también es común ver polillas llamadas esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), que a pesar de su tamaño reducido y su vuelo rápido, también emiten un zumbido similar al de un colibrí. Estos insectos, aunque no son tan ruidosos como las cigarras, contribuyen a la sensación de vida y movimiento que caracteriza al verano en el país.
Kotatsu y Nabe

En invierno, la falta de calefacción central en Japón puede ser dura, pero el calorcito de un kotatsu, esa mesa con un calefactor debajo y una manta para atrapar el calor puede ser reconfortante.
A la vez, preparas nabe: una olla caliente que dejas hirviendo durante horas y a la que vas añadiendo verduras y carne conforme te apetezca.
Todos te ofrecen comida
La hospitalidad japonesa (conocida como omotenashi) es uno de los rasgos culturales más reconocidos de Japón. Este concepto va más allá de ofrecer un trato amable: implica anticiparse a las necesidades de los huéspedes y atenderlos con esmero, sin esperar nada a cambio. En muchos establecimientos, desde pequeños ryokan tradicionales hasta grandes hoteles de lujo, los visitantes experimentan de primera mano la atención minuciosa que el anfitrión brinda para asegurar su comodidad y bienestar. Este espíritu se observa en detalles como la limpieza impecable de los espacios, la presentación cuidadosa de los platillos y la cortesía con la que se recibe y despide a cada persona. Incluso en los contextos más sencillos, como en casas familiares o pequeños restaurantes de barrio, prevalece la noción de que cada invitado merece un trato respetuoso y sincero.
En línea con esta hospitalidad, la tradición de regalar comida es sumamente importante en la cultura japonesa. Conocida como omiyage (souvenirs o regalos), se trata de un gesto que busca expresar gratitud, afecto o consideración hacia el otro. Muchas veces, estos obsequios consisten en especialidades regionales o dulces característicos de la zona visitada, de modo que quien recibe el regalo puede experimentar un pedacito de ese lugar sin haber viajado allí. Los japoneses cuidan con esmero la presentación de estos presentes, utilizando empaques elegantes y cuidando cada detalle para demostrar su estima. Así, regalar comida no se limita a la simple acción de entregar un producto, sino que se convierte en un ritual de cortesía y aprecio mutuo, reflejando la importancia de las relaciones humanas y la gratitud en la sociedad japonesa.
Hacer amigos
En Japón, uno depende de la amistad más que en ningún otro sitio. Enfrentar el choque cultural, la soledad y la necesidad de conversar en tu idioma nativo hace que esas relaciones sean vitales, especialmente para los extranjeros. La sociedad japonesa valora mucho la intimidad y la confianza, y aunque puede ser difícil entrar en círculos cercanos, una vez que se logra, la amistad tiende a ser muy sólida y duradera.
Es verdad que aquí se genera intimidad a una velocidad de vértigo, pero las amistades más sólidas resisten ese ritmo y se vuelven inquebrantables. Los japoneses suelen tener pocos amigos muy íntimos (shinjuu), pero invierten tiempo y esfuerzo en mantener relaciones profundas, basadas en la lealtad y el respeto mutuo.
Jazz de supermercado informatizado
Los supermercados suelen poner a rotar cuatro canciones que parecen demos de un teclado Casio de 1989. Que el personal soporte esa repetición a diario es toda una muestra de estoicismo japonés, ya que las melodías suelen ser simples, alegres y diseñadas para crear un ambiente relajado, aunque suene siempre la misma selección.
En otros sitios, las melodías se te quedan grabadas. Las de tiendas como Loft, por ejemplo, son épicas y muy reconocibles, aunque te imagines escuchando en bucle la misma tonada todo el día. Esta costumbre refleja la importancia de la música ambiental en el comercio japonés, donde cada tienda suele tener su canción o tema distintivo que contribuye a la identidad del lugar.
Pescado en el desayuno

Casi todas las mañanas es normal comer un onigiri de salmón y beber una lata de café. Este desayuno típico ofrece una buena cantidad de proteínas gracias al salmón, además de carbohidratos del arroz, y los ácidos grasos omega-3 que favorecen la salud cardiovascular, haciendo que sea una opción energética sin ser demasiado pesada para el organismo.
Es un aporte proteico que no te revienta las arterias, ya que el salmón aporta grasas saludables y el onigiri suele ser moderado en tamaño y sal, lo que lo convierte en una elección popular entre los japoneses para comenzar el día con energía y equilibrio nutricional.
Onsen
Cuesta acostumbrarse a la idea de bañarse en aguas termales públicas, especialmente si vas solo. La clave del onsen es que es un acto social. Puedes limitarte a disfrutar del entorno y quedarte callado, pero tarde o temprano estás conviviendo con otras personas en una bañera gigante.
En Occidente casi no hay oportunidades para los placeres sensoriales compartidos. Relajarnos nos parece algo íntimo, y lo íntimo lo asociamos rápidamente con lo sexual. Así que, en lugar de socializar en un baño termal desnudos, preferimos buscar cierta “intimidad sensorial” con alcohol. En Japón, en cambio, ir a un onsen con amigos es perfectamente normal.
Las estaciones

En Japón se ríen un poco de la idea de que “solo en su país existen cuatro estaciones,” pero cuando pasas varios años aquí comprendes por qué lo ven así. La intensidad con la que cada estación se manifiesta, y la forma en que la sociedad celebra y se adapta a sus cambios, hace que la experiencia sea única: el florecimiento de los cerezos en primavera, la temporada de lluvias (tsuyu) en verano, los colores vibrantes del otoño y los inviernos nevados en el norte, cada una con rituales y costumbres muy marcadas.
En Japón, cada estación se diferencia con minuciosas transiciones: la temporada de cerezos y la de ciruelos, la época de lluvias, etc. Cada una se siente muy distinta y regresa cada año, trayendo consigo recuerdos de la vez anterior. Los japoneses tienen una sensibilidad especial por los cambios naturales, que se refleja en la gastronomía, la vestimenta y los festivales, haciendo que cada ciclo estacional sea una celebración de la vida y la naturaleza.
Castillos

En muchas ciudades grandes sucede que, mientras vas en el tren, de pronto ves un castillo enorme y antiguo. Aunque la mayoría de estos castillos son réplicas modernas construidas tras los incendios o destrucciones de siglos pasados, la elegancia de sus fachadas y su imponente presencia siguen siendo un espectáculo para los viajeros y residentes, recordando la historia samurái y la arquitectura tradicional japonesa.
Esta mezcla de lo antiguo y lo moderno es muy característica de Japón: mientras el tren de alta velocidad avanza entre rascacielos y centros urbanos, los castillos emergen como símbolos de la identidad histórica, a menudo ubicados estratégicamente cerca de estaciones y accesibles para visitar. Aunque muchos son reconstrucciones, su valor cultural y su belleza arquitectónica los convierten en puntos de referencia imprescindibles en el paisaje urbano japonés
Toallitas húmedas en cada mesa

Algo esencial de comer fuera en Japón es que casi siempre te dan una toallita húmeda antes de la comida (o ambas cosas). En los restaurantes se conoce como oshibori y forma parte de la hospitalidad japonesa (omotenashi), ya que sirve para que te limpies las manos antes de empezar y, de paso, te relajes un poco. En invierno suelen ser calientes; en verano, frías, y en locales más sencillos a veces se sustituye por una simple servilleta húmeda de usar y tirar con un poco de jabón, pero la función es la misma: que empieces a comer con la sensación de limpieza y cuidado.
Por otro lado, es casi imposible encontrar toallas de papel en los baños de Japón, y a veces ni siquiera hay secadores de aire caliente. Esa ausencia está relacionada con la importancia que se da al ahorro de recursos y a la limpieza de los espacios comunes, por lo que muchas personas llevan siempre su propio pequeño pañuelo o toalla de mano para secarse. Por eso sorprende tanto al viajero: fuera, en los restaurantes, la experiencia está muy cuidada con las toallitas húmedas, mientras que en los baños públicos se da por hecho que cada uno se organiza para secarse las manos de forma más autosuficiente.
El juego de tambores Taiko (Taiko no Tatsujin)
El juego de tambores Taiko (Taiko no Tatsujin) es uno de los arcades musicales más icónicos de Japón, inspirado en el taiko, el tambor tradicional japonés utilizado en festivales y actuaciones folclóricas. En este juego, los jugadores golpean un gran tambor de plástico con baquetas siguiendo el ritmo de las notas que aparecen en pantalla, al compás de canciones que van desde temas tradicionales japoneses hasta openings de anime y éxitos del pop.
Las salas recreativas japonesas están llenas de cosas llamativas, pero una de las más destacadas es precisamente Taiko no Tatsujin, porque combina un aspecto muy colorido y simpático con un nivel de desafío sorprendentemente alto. Sus personajes-mascota con forma de tambor y la energía del sonido hacen que se convierta en un imán para curiosos y jugadores expertos, que se reúnen para intentar superar canciones en las dificultades más altas y marcar puntuaciones casi imposibles.
Las calles de la ciudad tras el último tren y el amanecer en un taxi de camino a casa

Si sales hasta tarde y pierdes el último tren para volver a tu tranquilo barrio de perros educados, al principio te invade cierto pánico: “¿Cómo vuelvo a casa?” Pero en realidad es liberador: ya sabes que tendrás que tomar un taxi y ahora puedes alargar la noche todo lo que quieras.
Los bares permanecen abiertos hasta las 5 a. m., y las salas de juegos, los restaurantes y los karaokes están en su apogeo cuando ya no circulan trenes. Así que si visitas una gran ciudad de Japón, mi recomendación es aprovechar la noche hasta que amanezca: es cuando todo cobra vida de verdad.
El romanticismo de todo
Pasear por las calles de Kioto, iluminadas con farolillos junto a canales que reflejan la luz, no es la única forma de romance en Japón. De noche, el país vibra con una intensidad emocional opuesta a las agotadoras jornadas laborales. Todo el mundo se ve increíble: las chicas con maquillaje elaborado para bodas o fiestas, los chicos con trajes impecables. En Yamaguchi, uno de los destinos elegidos por el New York Times en 2023, las calles se parecen mucho al Japón antiguo.
Los bares suelen ser tranquilos y acogedores, a menos que busques uno ruidoso. Hay bossa nova por todas partes. Si no logras encontrar con quién compartir un beso al final de la noche, te vas con esa sensación de “no me lo puedo creer,” como si fuera una tragedia. También es normal
Santuarios aleatorios

En plena zona de clubes nocturnos hay callejones que, si avanzas lo suficiente, encuentras un farolillo rojo. Alrededor solo hay bares y locales que vetan la entrada a extranjeros, pero en medio de ese caos urbano se erige un santuario. También hay uno al lado de una tienda de 100 yenes en una galería comercial de Kioto.
Es frecuente toparte con santuarios, rocas sagradas o pequeños templos escondidos. La sensación es parecida a explorar un mundo de videojuego tipo Zelda: si caminas lo bastante, seguro descubres un lugar “mágico” donde recobrar energías.
El día de los huevos a 100 yenes
Los jueves los huevos cuestan 100 yenes la docena. Entras al supermercado y el empleado te grita “¡Irrashaimase!”; tú respondes con un saludo y te diriges a por tu docena barata, acompañado por la demente música del Casio que suena en bucle. Tu vida se siente, a la vez, completamente normal y muy extraña: al lado tienes peces vivos y un robot anunciando ofertas en japonés mientras tú solo buscas ahorrar unos yenes en huevos.


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2 respuestas a «Por qué Japón atrae a tantos turistas cada año»