Hace ya catorce años, en un Japón que anhelaba unidad y optimismo, una campaña publicitaria trascendió la simple promoción de una nueva línea de tren para convertirse en un fenómeno social y un recuerdo imborrable de varias prefecturas japonesas. La inauguración de la línea completa del Kyushu Shinkansen, el tren bala que conectaría toda la isla sureña de Kyushu, fue el catalizador de una explosión de alegría comunitaria. La empresa ferroviaria JR Kyushu no se limitó a anunciar la nueva ruta; orquestó una celebración masiva, invitando a los habitantes de la isla a ser los verdaderos protagonistas de su historia, creando un mosaico humano de felicidad que el mundo entero pudo presenciar.
La premisa era tan sencilla como poderosa: mientras un tren especial, engalanado para la ocasión, recorría por primera vez la totalidad de la nueva vía, se filmaría desde sus ventanas la reacción de la gente. No se contrataron actores ni se guionizaron sonrisas. Se hizo un llamado abierto a la población para que saliera a saludar al futuro que pasaba velozmente frente a sus pueblos y ciudades. La respuesta fue abrumadora y superó todas las expectativas, convirtiendo un simple viaje de prueba en una procesión festiva a lo largo de cientos de kilómetros, una oda a la identidad de Kyushu y a la esperanza en el progreso.
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Una ola humana de 15.000 sonrisas
La campaña, bautizada como «La ola Kyushu», convocó a los residentes de las siete prefecturas de la isla. El día señalado, más de 15.000 personas, desde niños pequeños hasta ancianos, se apostaron a lo largo de la ruta entre Kagoshima y Fukuoka. Agricultores en sus campos, oficinistas en sus descansos, familias enteras en los puentes y escolares en los patios de sus colegios, todos salieron a agitar sus manos, banderas y pancartas caseras. Crearon una «ola» humana que acompañó al tren en su trayecto inaugural, una cadena de entusiasmo que se extendía por valles, ciudades y costas. El resultado fue un metraje de más de 100 horas, un tesoro visual que capturaba la espontaneidad y el orgullo de miles de ciudadanos anónimos.
Esta masiva participación transformó el anuncio en un documental del alma de Kyushu. Cada rostro sonriente, cada saludo enérgico, contaba una pequeña historia de pertenencia y alegría. La cámara a bordo del Shinkansen no solo grababa un paisaje geográfico, sino un paisaje humano vibrante y unido. Fue la demostración de que una infraestructura, a menudo percibida como algo frío y funcional, podía ser un símbolo de cohesión y un motivo de celebración compartida, tejiendo un vínculo emocional indestructible entre la tecnología y las personas a las que sirve.
El arcoíris que unió a siete prefecturas
Para simbolizar la unión de la isla, el tren de la filmación fue decorado con un diseño especial. Una serie de líneas de colores vivos, a modo de arcoíris, recorrían sus vagones. Cada color representaba a una de las siete prefecturas de Kyushu: Fukuoka, Saga, Nagasaki, Kumamoto, Oita, Miyazaki y Kagoshima. Este arcoíris rodante no era solo una elección estética; era una declaración de intenciones. Representaba cómo la nueva línea de alta velocidad actuaría como un puente, conectando y unificando las diversas culturas, economías y comunidades de la isla, fomentando un sentimiento de identidad regional compartida.
La imagen del tren multicolor deslizándose a través de paisajes rurales y urbanos, mientras era aclamado por multitudes, se convirtió en una poderosa metáfora visual. El Shinkansen ya no era solo un medio de transporte, sino un vehículo de unidad. La campaña logró que la gente no viera la inauguración como la llegada de un servicio, sino como la culminación de un proyecto común, un hito que pertenecía a todos los habitantes de Kyushu y que prometía un futuro más brillante y conectado para las generaciones venideras.
«Boom!»: La banda sonora de la felicidad
La elección musical fue la pieza final que elevó el anuncio a la categoría de obra maestra emocional. La canción «Boom!» de la cantautora sueco-japonesa Maia Hirasawa, con su melodía pegadiza, optimista y su ritmo creciente, encapsulaba a la perfección el espíritu del momento. La letra, que habla de un sentimiento que florece y estalla como un «boom», se sincronizaba mágicamente con las imágenes de la gente celebrando, creando una sinergia audiovisual que contagiaba alegría instantáneamente. La canción se convirtió en un éxito rotundo en Japón, y para muchos, quedó ligada para siempre a las imágenes del Shinkansen y las sonrisas de Kyushu.
El éxito fue tal que el anuncio ganó el Gran Premio en el prestigioso festival de publicidad de Cannes, no solo por su creatividad, sino por su capacidad de conectar con una emoción humana fundamental: la alegría de ser parte de algo más grande que uno mismo.
Un legado que sigue rodando

Aquel anuncio no solo dejó una huella imborrable en la publicidad, sino que consolidó al Kyushu Shinkansen como un emblema de la región. Catorce años después, su legado sigue vivo y en pleno funcionamiento, siendo una de las formas más eficientes y emocionantes de explorar la isla. Afortunadamente para los viajeros internacionales, esta experiencia está al alcance de la mano gracias al Japan Rail Pass (JR Pass). La mayoría de los servicios del Kyushu Shinkansen están cubiertos por el pase nacional, y JR Kyushu ofrece también pases regionales (All Kyushu, Northern Kyushu y Southern Kyushu) que se adaptan a diferentes itinerarios y presupuestos para 2025.
El recorrido principal del Kyushu Shinkansen conecta la estación de Hakata (en Fukuoka) con la de Kagoshima-Chuo en el extremo sur, en un trayecto que puede durar tan solo una hora y veinte minutos. Además, desde 2022 opera la línea Nishi Kyushu Shinkansen, que conecta Nagasaki con Takeo-Onsen, enlazando con trenes express hacia Hakata. Los trenes que operan estas rutas son principalmente las series N700 y 800. La serie 800, en particular, es exclusiva de esta línea y destaca por su interiorismo único, que utiliza materiales tradicionales de Kyushu como madera de alcanfor y pan de oro, ofreciendo un viaje que no solo es rápido, sino también una inmersión en la artesanía local. Así, el espíritu de aquel anuncio, que celebraba la identidad y la unión de Kyushu, perdura en cada viaje, invitando a nuevos pasajeros a descubrir la isla que un día salió a saludar a su futuro.
Para quienes planean viajar por Kyushu, contar con un Japan Rail Pass o un pase de tren JR Kyushu puede marcar la diferencia: estos pases permiten usar el Kyushu Shinkansen y otros servicios JR sin necesidad de comprar billetes adicionales. Verifica el Japan Rail Pass precio vigente y considera si el JR Pass es la opción más rentable para tu itinerario.

